Neumáticos de invierno, alternativa a las cadenas: Garantía de motricicidad

15 de enero 2013

Especiales
Jaume Gustems Casado

Jaume Gustems Casado

Todos sabemos de la importancia de un juego de cadenas para avanzar en superficies con mucha nieve o hielo. Las tradicionales cadenas, con sus ventajas e inconvenientes, son la solución adoptada por la mayoría de conductores españoles para enfrentarse a condiciones de conducción extremas en invierno.

No obstante, la evolución tecnológica experimentada por los neumáticos de invierno en los últimos años y el hecho de que sean obligatorios en países como Alemania, países nórdicos y algunos países del este europeo como la República Checa, han hecho incrementar sus ventas en toda Europa y los han convertido en una seria alternativa a las cadenas de toda la vida. En 2011 se vendieron en Europa 100 millones de neumáticos de invierno (uno de cada tres neumáticos vendidos) y en tres años, este mercado ha crecido un 82%.

En España las cosas son diferentes. Nuestro país no suele sufrir las condiciones climáticas adversas que experimentan países más nórdicos, excepto en algunas zonas concretas del norte de la península o zonas de alta montaña y en cualquier caso, tampoco con la misma periodicidad e intensidad. No obstante, también es cierto que en buena parte de España las temperaturas descienden por debajo de los 7 grados en invierno, de forma bastante constante, y es en este escenario donde los neumáticos de invierno contribuyen a una mayor seguridad en la conducción. Y por supuesto, si eres de los que sube a pistas con asiduidad, debes saber que un juego de neumáticos de invierno te permite avanzar incluso donde ya se hace necesario instalar cadenas, sin necesidad de bajar del coche.

Para comprobar hasta dónde los neumáticos de invierno son adecuados para conducir en condiciones invernales extremas, Michelin nos llevó al circuito de hielo de Grandvalira(Andorra), escenario del Trofeo Andros y uno de los pocos circuitos de de hielo permanente en España. Sobre su pista helada pusimos a prueba la adherencia de los modelos Michelin Pilot Alpin y Michelin Latitud Alpin, montados sobre magníficos Mercedes-Benz con tracción integral 4 Matic.

La conclusión es simple: si en invierno sueles conducir por carreteras nevadas o o incluso heladas y tienes presupuesto para hacerte con un juego de neumáticos de invierno, hazlo. Sus aptitudes son mejores de las que imaginas, y aportan una gran seguridad en la conducción invernal. Y si tu coche tiene tracción integral, como es el caso de los Mercedes-Benz testeados en GrandValira, la experiencia puede llegar incluso a ser divertida y placentera. Te lo explicamos con más detalle aquí.

Neumáticos de invierno, alternativa a las cadenas

Conducir en invierno, más arriesgado

Según la Dirección General de Tráfico, casi la mitad de los accidentes con víctimas que tienen lugar en las carreteras españolas se produce en los meses más fríos del año (de octubre a marzo). Esto debería hacernos reflexionar. Las condiciones meteorológicas afectan negativamente a la conducción en los meses invernales y especialmente a uno de los elementos de seguridad más importantes de nuestro coche: el neumático.

No es imprescindible que haya nieve o hielo en la calzada para comprobar cómo un neumático convencional pierde prestaciones. Y es que por debajo de 7 grados de temperatura los neumáticos estándar reducen su eficacia, debido a que los compuestos con los que están fabricados se endurecen. Esto les impide adaptarse con rigurosidad a las irregularidades de la calzada, debido a la falta de flexibilidad de la banda de rodadura.

Aquí es donde entra en competencia un neumático de invierno, cuyo especial compuesto de goma, más blando y flexible, mantiene sus propiedades ante las bajas temperaturas y proporciona más motricidad. La escultura de su banda de rodadura, más recortada y profunda, permite una mejor evacuación del agua. Y las laminillas que incorporan en sus tacos son las que permiten mantener la adherencia en las superficies deslizantes, con barro, nieve o incluso hielo.

Según Michelin, un neumático de invierno como el Michelin Pilot Alpin es capaz de frenar tres metros antes en suelo mojado y cuatro metros antes en suelo nevado con respecto a un neumático estándar. Durante nuestra toma de contacto en Andorra, no pudimos comprobar esto, pero sí el elevado grado de movilidad y motricidad que este tipo de neumáticos aportan sobre una superficie absolutamente deslizante como la del circuito de hielo de Grandvalira.

Allí Mercedes-Benz organiza desde hace años su Experiencia 4Matic, unos cursos dirigidos a clientes y no clientes de la marca, que pueden experimentar la eficacia de los sistemas de tracción integral del constructor alemán, conduciendo sobre hielo Mercedes-Benz Clase C, CLK y ML, principalmente. Estos cursos son totalmente gratuitos.

Prueba en circuito

Subimos en primer lugar a un Mercedes-Benz Clase C con tracción 4Matic y equipado con neumáticos Michelin Pilot Alpin, el neumático de invierno que Michelin destina a los turismos de gama alta. Con este coche afrontamos un típico viraje del circuito andorrano, en el que pudimos comprobar la capacidad de adherencia del neumático, superior a la esperada siempre que realices la trazada de la curva con suavidad y en un ángulo más abierto del que suele hacerse en seco. Esa es la técnica: trazar la curva por el exterior siempre que sea posible y retrasar la búsqueda del vértice, para evitar al máximo que la inercia juegue en nuestra contra. De lo contrario, si actuamos como lo hariamos con asfalto seco, el subviraje aparece de inmediato. Hay que puntualizar que en la pista de GrandValira no había apenas nieve. Era puro hielo, eso sí, seco, con una adherencia algo superior a la habitual. Pero hielo, en definitiva.

A continuación nos subimos a un Mercedes-Benz CLK con tracción 4Matic y neumáticos Michelin Latitude Alpin, los que Michelin destina para los SUV de altas prestaciones. Con este Mercedes realizamos la típica prueba de slálom, que pudimos afrontar con eficacia a una velocidad entre 20 y 30 km/h, anticípándonos a la ejecución del contravolante en el momento en el que empezamos a notar que los neumáticos llegan al límite de adherencia y el coche empieza a deslizar. Está claro que si hacemos con mucha suavidad los giros y a una velocidad no demasiado elevada (el neumático agarra, pero el límite de adherencia está muy cerca) un neumático de este tipo te permite avanzar sin problemas, incluso en calzadas con hielo puro.

Otra de las pruebas consistió en comprobar el arranque en pendiente, primero con un neumático convencional y a continuación con un neumático de invierno. El resultado fue el esperado: con el neumático estándar el avance es muy difícil y puede llegar a ser nulo, como pudimos ver. Con un neumático invernal la motricidad es muy superior, el arranque es prácticamente seguro y permite mucho margen de error en la conducción. Esta motricidad es claramente superior tanto en subida como en bajada, en la que con un neumático de invierno podemos frenar y sujetar el coche con mayor seguridad.


Finalmente, realizamos una prueba de frenada en la que aceleramos el coche desde parado hasta una velocidad en torno a los 60 km/h para después pasar a detenerlo de inmediato evitando superar una barrera de conos.

Aquí pudimos comprobar cómo las dificultades para frenar en calzadas heladas crecen exponencialmente a medida que subimos la velocidad. Cinco kilómetros por hora arriba o abajo se traducen en una distancia de frenado considerablemente inferior o superior. De ahí que sea importante anticiparse a las reacciones del coche, saber frenar a tiempo y sobre todo, no sobreestimar las posibilidades que ofrecen este tipo de neumáticos en superficies heladas. Los neumáticos de invierno son mucho más seguros que los neumáticos convencionales, pero a velocidades elevadas no hacen milagros.

En esta prueba, y después de un primer patinaje "descontrolado" que apareció inmediatamente después de empezar a frenar, vimos cómo a medida que se reducía la velocidad los neumáticos volvían a coger adherencia y nos permitieron detener finalmente el coche a un escaso metro de los conos. Estamos seguros que con un neumático convencional hubiéramos ido directamente contra un talud.

Última generación

La eficacia de un neumático de invierno como el Michelin Latitud Alpin reside en su la particular composición de su banda de rodadura, muy recortada y llena de pequeños tacos y numerosas aristas en diferentes ángulos que hacen un efecto de engranaje o cadena para adherirse a la superficie nevada o helada.

Tanto el Michelin Latitude Alpin, destinado a SUV de altas prestaciones, como el Michelin Pilot Alpin, para turismos, comparten tecnología. Conceptos como:

- Maxi Edge. Hace referencia a la banda de rodadura específica de estos neumáticos, con un gran número de tacos y aristas en diferentes ángulos que se encargan de intensificar el
engranaje o efecto cadena en la nieve y garantizar la mejor tracción.

- Stabiligrip (diseño tridimensional de las laminillas, dispuestas en ángulos variables para asegurar la rigidez de los tacos y dar precisión a la conducción).

- Heliocompound 3G: nombre que recibe el compuesto de goma que conserva su elasticidad incluso a bajas temperaturas, gracias a su formulación a base de sílice con aceite de girasol.

- Dos bandas de rodadura diferentes en el Pilot Alpin : con escultura asimétrica para la mayoría de deportivos del mercado, y con escultura direccional, exclusiva para modelos Porsche.

Ambos modelos incorporan un mayor número de aristas y de laminillas en comparación con sus versiones predecesores. De esta manera, la tracción y las prestaciones de frenado son superiores, según afirma la marca francesa.

Poner precio a la seguridad

En cualquier caso, la utilización de un neumático específico para circular en estas condiciones extremas es un extra de seguridad que complementa perfectamente las excelentes aptitudes de un sistema de tracción permanente con control de tracción y estabilidad como el que montaban los Mercedes-Benz que tuvimos ocasión de conducir.

Este tipo de neumáticos son algo más que una alternativa legal a las cadenas. Son una excelente opción para circular en invierno en calzadas con o sin nieve o hielo, con mayores garantías de seguridad, eso sí, a un coste superior. Aunque todo es relativo, porque ¿qué precio tiene garantizar una mayor seguridad en condiciones difíciles? Los sistemas electrónicos de control de estabilidad o frenado tienen un coste significativo que nos cobran al comprar el coche. Pero estos sistemas pierden gran parte de su eficacia si los neumáticos no responden adecuadamente. De ahí que recurriendo al tópico, si los neumáticos son los que nos mantienen en contacto con la calzada, deberíamos procurar asegurarnos de que en invierno cumplen precisamente su función.

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