Patinaje sobre hielo 09/03/2011 - Especial
La imagen de los patinadores apurando al máximo sobre una pista de hielo, es lo primero que me vino a la mente cuando me dijeron que Mazda nos había invitado a ir a Suecia para formar parte del equipo español en la MX-5 Ice Race. Sin embargo, los deslizamientos al límite y las derrapadas no iban a ser sobre patines, sino sobre un Mazda MX-5 y en el circuito de Kall Auto Lodge cuyo trazado, de casi 5 km, se encuentra sobre un inmenso lago helado situado en la región de Järmland.
El equipo de la prensa española estaba formado por el piloto Marcos Martínez, que representaba a Telecinco, Miguel Valero (ABC), Juan Pablo Esteban (Top Auto), Pere Prats (La Vanguardia), Pipo López (AS) y la que firma este artículo. Juntos íbamos a enfrentarnos a 20 equipos de diferentes países y, sin duda, no iba a ser una tarea fácil aunque todos estábamos de acuerdo en que iba a ser muy divertido.
El pasado año, para celebrar el vigésimo aniversario de este modelo, Mazda convocó a la prensa en el circuito italiano de Adria y organizó una competición en la que los periodistas de cada país compartían el famoso descapotable de la firma. Resultó ser un éxito y este año han querido dar un paso más organizando la competición en un circuito sobre hielo; ¡Increíble!
Como siempre, los responsables de Mazda lo prepararon todo al detalle y unos día previos al viaje estuvimos en la Escuela de Conducción TAC en la que Joan Arnella (su director), nos enseñó todos los trucos necesarios para “vivir derrapando” que, al fin y al cabo, es lo que íbamos a tener que hacer durante las jornadas de la competición. Chema Terol, jefe de Mazda Europa, estuvo con nosotros y nos atendió en todo momento, Manuel Rivas, de Mazda España, nos “aguantó” durante el viaje y los días de competición y Joan Arnella como “team manager” de los “periodistas/pilotos”, también se sumó a la “conquista de Suecia”. A todos ellos, mil gracias.
Un autobús nos esperaba en el aeropuerto para llevarnos al Hotel en Are, al norte del país. La primera “flipada” fue ver cómo aquel bus circulaba por la carreteras nevadas con toda tranquilidad. Todos estábamos bastante… “atentos” a ver qué hacia el conductor, pero pronto nos tranquilizamos al comprobar que el hombre controlaba…
Ya de noche, llegamos al Hotel. Una cena rápida y a descansar. El día había sido largo y nos esperaba una jornada intensa. Desayunamos temprano y nos dirigimos al circuito. El día era fantástico, lucía el sol y “solo” estábamos ¡¡a 25º bajo cero!!
Aunque parezca increíble nos decían que teníamos suerte con el tiempo porque había sol y no hacía aire… ¡no quiero pensar cómo debe ser cuando haga frío!
Un circuito espectacular
Desde el bus que nos llevaba al circuito, me quedé impresionada (bueno, creo que nos sucedió a todos), al ver la estampa del lago helado y el circuito; era espectacular. Aunque estoy habituada a las carreras en circuito y, desde la pasada temporada, también a los rallys, debo reconocer que nunca antes la llegada a una carrera me había impresionado tanto.
El director de carrera nos recibió para darnos una charla, explicarnos cómo funcionaría la jornada de entrenamientos y la de la carrera. Íbamos a tener unos entrenamientos libres y unos cronometrados que darían la formación de la parrilla de salida para la carrera. Una carrera, por cierto, dividida en dos tramos de dos horas cada una. Es decir, haríamos la salida, rodaríamos todos los componentes del equipo y al cumplirse las dos horas finalizaba la que, podíamos llamar, primera parte de la prueba. Comíamos en el propio circuito y se reanudaba la carrera en las posiciones en la que finalizáramos las dos primeras horas y se consumían dos horas más para llegar al final.
Pero vayamos por partes. Aún estamos en el día de entrenamientos. Marcos fue el primero en salir a la larga, bonita y difícil pista de hielo en la que había nada más y nada menos que ¡43 curvas! (¡creo que aún no me lo sé de memoria!). Cuando me tocaba salir a pista, un comisario hizo revisar nuestro coche al detectar un pérdida en el radiador. Estuvimos un tiempo parados pero todos pudimos hacer nuestro turno. Los primeros giros al largo circuito fueron con cautela, ¡yo nunca había pilotado en hielo!, pero pronto fui cogiendo confianza y poniendo en práctica los consejos de Joan Arnella y la verdad…¡qué pasada!, ¡qué divertido! Era fantástico balancear el MX-5 para inscribirlo en la curva, ir dosificando el gas y corrigiendo con el volante para mantenerlo en la trazada de una larga curva de izquierdas… ¡era una pasada todo!
Tras los entrenamientos cronometrados el equipo consiguió la séptima posición para la parrilla de salida. Un buen resultado que nos daba esperanzas de conseguir estar en el top five y, por qué no, en el podio.
Como suele ocurrir en los eventos de Mazda, todo estaba preparado, organizado y cuidados todos los detalles. Desde las instalaciones del circuito a la pista, nos trasladaban con unos trineos “tirados” por motos de nieve, el autocar siempre estaba preparado para llevarnos al hotel, nos ofrecieron una simpática cena en la que no se hablaba de otra cosa que de las experiencias y las sensaciones de cada uno sobre el MX-5 sobre el hielo y las incidencias de los entrenos… en fin, ¡un lujo!
A por el podio
Y llegaba el gran día de la carrera. Marcos Martínez fue el encargado de hacer la salida y lo hizo de maravilla colocando el coche entre los cinco primeros. Cuando me tocó el turno, estábamos cuartos, y al acabar mi sesión seguíamos en esa posición más cerca del podio. ¡Esto se anima!, pensé.
El equipo australiano y ruso marcaban la pauta y los belgas intentaban mezclarse entre ellos, pero no sabían que un grupo de españoles, poco acostumbrados a esas temperaturas, querían “entrar en calor” a base de pelear para subirse al “cajón”, pero una pequeña salida de pista de un compañero (pero en la que los comisarios emplearon bastante tiempo en rescatar el coche), hizo que completáramos las dos primeras horas en octava posición. Para la segunda parte de la carrera, de nuevo Marcos tomaba la salida y de nuevo remontaba.
Cuando llegó mi turno me concentré en mantener un buen ritmo y en seguir avanzando, pese a que la pista estaba más “rota” y con unas roderas que dificultaban bastante la conducción. Al final, un trompo de otro de los nuestros en la parte final de la competición condicionó el resultado, aunque pudimos mantener un buen ritmo y colocarnos en la décima posición final.
Los rusos se hicieron con la victoria, aunque los australianos demostraron un nivel fantástico (y eso que allí el clima también es bastante diferente al sueco), mostrándose rapidísimos y efectivos. Finalmente, los belgas se hicieron con un tercer puesto que, francamente, podía haber sido nuestro. Pero resultados al margen, debo decir que ha sido una experiencia (permitirme la expresión), ¡bestial! e inimaginable antes de acudir a la cita de Mazda para disputar esta prueba.
Para mi ha sido la primera vez que acudo a una prueba de este tipo y pese a estar habituada a las carreras y a pilotar, la cita de Mazda ha sido totalmente diferente. Hemos pilotado sobre hielo, hemos aprendido y hemos vivido unos días divertidos en un marco incomparable… ¡No creo que se pueda pedir más!
Texto: Marta Súria
Fotos: Mazda