Renault Mégane 1.6 dCi Bose: Un diésel de referencia

18 de marzo 2016

Pruebas
Joan Dalmau

Joan Dalmau

Eloy García

El Mégane mejora en todo lo mejorable

Cuando un modelo de elevadas ventas -y el Mégane es uno de los compactos más vendidos en nuestro mercado- cambia de generación, se espera que las mejoras introducidas le sitúen a la cabeza del segmento. En el caso del Mégane eso es justamente así y el compacto de Renault mejora tanto en comportamiento dinámico -bastante-, como en habitabilidad y maletero -un poco- como en equipamiento y conectividad -mucho-.

Estéticamente, el Mégane ha cambiado más de lo que parece. Las líneas generales recuerdan a las de su antecesor y en el centro del frontal aparece el rombo de Renault en primer plano y con un tamaño muy generoso. Este trazo característico se hereda de otros modelos como el Clio, que lo estrenó, el Captur o el Espace.

El rasgo más peculiar del modelo, no obstante, son los faros. Los delanteros, con los pilotos de día en forma de lágrima o de reguero hacia abajo no son, a mi juicio, de diseño muy afortunado aunque en este tipo de consideraciones, cada uno tendrá su propia opinión. En la parte trasera, los pilotos, muy horizontales, buscan unirse en el centro, en un efecto que yo considero más conseguido sin que eso significa que os quiera convencer de ello.

La gran pantalla vertical de 8,5 pulgadas es la gran protagonista en el habitáculo de este nuevo Mégane y permite acceder a múltiples funciones.
En el habitáculo, todo cambia y el Mégane se apunta a la nueva moda de Renault de la pantalla vertical aunque eso sí, sólo en esta versión Bose ya que el resto de modelos disponen de una pantalla horizontal aunque ya de siete pulgadas. La pantalla vertical permite prescindir de los botones físicos, sustituidos por mandos táctiles en la parte derecha de la misma.

En mi opinión, la pantalla es fantástica y permite hacer un montón de cosas pero encuentro que está algo alejada del alcance de la mano, hecho en falta un botón para el volumen de la radio –pese a que cuenta con un mando satélite tras el volante- y no me convence el hecho de que la pantalla se ensucia muy rápidamente con el contacto constante de los dedos. Entre otras cosas, con la pantalla podemos controlar el equipo de audio -que admite todo tipo de aparatos externos-, la navegación, el teléfono, una serie de aplicaciones que podemos descargar vía internet y numerosos elementos del coche como los modos de conducción, la iluminación ambiental (color e intensidad), el color de fondo de la instrumentación digital o el masaje del asiento del conductor que, en esta versión Bose es de serie.

La pantalla, que ofrece este menú principal, se acciona mediante los botones táctiles que quedan a la derecha y clicando en cualquier punto de la misma.
Cabe señalar que el navegador Tom Tom ha eliminado aquel Fórmula 1 que indicaba nuestra posición y ahora hay más discreto Alpine azul. Lo más sorprendente es que la voz femenina del navegador tiene un claro acento mexicano. Y digo sorprendente porque el Mégane no se vende en América. Otra cosa que podemos hacer con la pantalla es conectar o desconectar las ayudas a la conducción, entre ellas el aviso de cambio de carril, que no tiene efectos sobre el volante y que avisa mediante un sonido parecido al que se escucha cuando pisamos una línea con banda rugosa y que sale por el altavoz de la puerta del lado en el que pisamos la línea.

Finalmente también nos permite ajustar el contenido que visualizamos en el head-up display, un equipamiento que utiliza una pantalla de metacrilato sobre la visera de la instrumentación para proyectar una serie de datos que nos ayudan a conducir sin apartar la vista de la carretera. Este extra cuesta 350 euros. 

El resto de opciones son los faros completos de LED, que cuestan 700 euros, los asientos calefactables (300 euros) pero no eléctricos ya que no están disponibles, las llantas de 18 pulgadas (450 euros), el control de crucero adaptativo con alerta de distancia (600 euros) y el detector de ángulo muerto con sistema de aparcamiento asistido (600 euros). Finalmente, la pintura metalizada cuesta 480 euros.

La instrumentación digital puede personalizarse al gusto del usuario, tanto en su diseño como en el color elegido.
Otra cosa que cambia –y no sólo de color- es la instrumentación. En función del modo de conducción elegido la presentación de los elementos del instrumento central cambia. Hay que destacar también que en este panel se nos recuerda siempre cual es la velocidad máxima en la vía por la que circulamos ya que el coche es capaz de leer las señales y, si superamos la velocidad máxima, el sistema nos avisa pasando la señal a rojo.

Las plazas traseras han ganado algunos centímetros respecto a la anterior generación del modelo pero no son ninguna referencia en su categoría.
En la parte trasera, el Mégane ha ganado algunos centímetros en espacio para las piernas gracias a su mayor batalla pero no es de los compactos más espaciosos detrás. La altura al techo no es muy generosa, la de las piernas tampoco y la plaza central es muy estrecha e incómoda.

Los 384 litros del maletero son correctos, no así su plano de carga elevado y la anchura del acceso que obligan a elevar mucho los bultos que vayamos a cargar.
Por lo que respecta al maletero, tampoco es un elemento que nos decidirá a comprar un Mégane. La capacidad es correcta para un compacto (384 litros) aunque en el segmento ya hay modelos que superan los 400. El abatido de los respaldos traseros deja un plano de carga con un escalón pero aumenta la capacidad hasta 1.247 litros. Finalmente, cabe destacar que el acceso al maletero es muy alto y con un borde muy grueso lo que obliga a elevar mucho los objetos pesados a la hora de cargarlos y no pueden apoyarse en ningún sitio.

Nos ponemos en marcha

Visto cómo es el coche vamos ahora a ver como va. Nuestro Mégane llevaba el motor diésel de 130 CV, un propulsor que conocemos de sobra ya que se monta en otros modelos de la marca como el Kadjar, el Scénic o el Talisman y en los Nissan Qashqai y X-Trail. Dentro de los motores de su rango de potencia, es uno de los mejores. Hace muy poco ruido y tiene numerosas virtudes.

El nuevo chasis del Mégane ha mejorado su ya notable comportamiento dinámico, con un mayor aplomo en todo tipo de carreteras y una gran estabilidad.
La más interesante es su elasticidad. Si no le dejamos caer por debajo de las 1.600 vueltas, donde su rendimiento es muy pobre, el motor empuja con solvencia y se estira con facilidad de manera que no nos obliga a abusar del cambio y nos ofrece unas recuperaciones más que notables.

El consumo homologado es de 4 litros a los 100 kilómetros, una cifra que, como siempre, resulta difícil de conseguir. Durante la prueba, la media fue de 6,6 litros (con muchas paradas y arrancadas y muchas marchas cortas en los tramos de carretera para grabar el vídeo) pero os he de decir que yendo a la carretera de montaña donde grabamos las imágenes dinámicas, en autopista con desnivel positivo, gasté 6 litros exactos y en del descenso, más suave y con menos prisa, dejé la media en 4,5.

El Mégane es un coche con un comportamiento dinámico realmente conseguido. La verdad es que en este segmento de los compactos, la mayoría de modelos van francamente bien y el Mégane anterior no era precisamente de los peores. El nuevo, no obstante, le mejora en todo. A mi entender, éste es uno de los aspectos en que la mejora es más notable.

La actitud en curva del Mégane es muy buena, con un ligero subviraje al inicio que desaparece rápidamente y con un elevado confort.

El nuevo Mágena saca mucho partido a una plataforma bien hecha y que renuncia, aunque sólo en parte, al nivel de confort a que nos tenía acostumbrada la marca en pro de un comportamiento en carretera más aplomado, como si se tratara de un coche más grande. Eso no significa que no sea un coche confortable ya que este aspecto sigue siendo una de sus prioridades pero ahora, su actitud en curva, sobre una vez dentro del viraje, es más neutra y con una motricidad de salida impecable.

No estamos ante un coche tremendamente dinámico –para eso están los GT con dirección a las cuatro ruedas y un chasis más firme- y aunque la suspensión, con eje trasero torsional, no es muy elaborada, está muy bien puesta a punto, con un excelente compromiso entre estabilidad y confort y la dirección es precisa aunque eso sí, como todas las eléctricas, poco informativa. Me gusto también la actitud en curva. 

Un coche agradable, bastante silencioso, con un motor elástico y que no gasta en exceso y con una buena relación precio-equipamiento. El Mégane se reposiciona en cabeza del segmento.
Nos queda hablar de un tema importante; el dinero. Esta versión del Mégane, con motor diésel de 130 CV y acabado Bose cuesta, según el configurador de la marca y con el descuento en vigor 23.200 euros. El equipamiento incluye alerta de cambio de carril, reconocimiento de señales, sensores de aparcamiento delanteros y traseros con cámara de marcha atrás, control de crucero, climatizador, faros y limpias automáticos, freno de mano eléctrico, iluminación ambiental, equipo de audio Bose y equipo de navegación R Link más la tarjeta Renault Manos Libres que nos abre el coche cuando nos acercamos y lo cierra al alejarnos sin necesidad de accionar ningún botón. No está mal, ¿no?

Nuestra unidad contaba además con una serie de opcionales entre ellos los faros completos de LED, el head-up display, los asientos calefactables o el sistema de aparcamiento asistido y su precio, full equip era de 26.680 euros.

Opinión del experto

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