Lexus LC 500 5.0 V8: Personalidad propia

15 de noviembre 2017

Pruebas
Jaume Gustems Casado

Jaume Gustems Casado

María Pujol

Probamos la versión más potente y deportiva del Lexus LC500, con motor V8 de gasolina y 477 CV. Un cupé 2+2 con tracción trasera, motor frontal y una estética muy llamativa y diferente a todo lo visto en su segmento. 

Cuando Lexus lanzó en el Salón de Detroit de 2012 el Lexus LF-CC Concept, la marca japonesa dejó muy claro que tenía intención de incrementar la pasión por la marca, por sus modelos, haciéndolos más emocionales y atractivos si cabe.

Desde sus inicios en el mercado europeo, Lexus “arrastra” una imagen de constructor especializado en berlinas de lujo, berlinas con un estilo claramente más de representación que deportivo. Pero en la última década las cosas han cambiado y la renovación de toda su gama, incluida la introducción de nuevos modelos SUVs, que pide el mercado, ha venido acompañada de nuevas plataformas, mejores prestaciones y una nueva línea de diseño más juvenil y atractiva. 

El Lexus LC 500 V8 es uno de los deportivos más espectaculares del mercado. La referencia de Lexus en cupés compactos.
Un claro ejemplo de esto, y quizás la referencia más clara en este cambio que Lexus ha dado en los últimos años, la encontramos en el LC500. Este cupé deportivo 2+2, con motor frontal y tracción trasera se desmarca del resto del catálogo del fabricante japonés en lo referente a diseño y prestaciones. He probado la versión de gasolina con motor V8, el mismo que se monta en el Lexus RC-F y Lexus GS-F, que ofrece 477 CV a 7.100 rpm y un par máximo de 527 Nm a 4.800 vueltas. Es un motor atmosférico que permite que el LC 500 acelere de 0 a 100 km/h en 4,2 segundos, un registro cercano al de un Porsche 911 Carrera GTS, un Jaguar F-Type V8 o al de un Maserati GranTurismo 4.7 V8, todos ellos algunos de sus rivales más directos. 

Este cupé ofrece un comportamiento igual de agradable como de excitante en carretera de montaña. La dualidad confort-efectividad deportiva se ha conseguido en un alto grado.
Esta versión con motor V8 quizás no es la más razonable desde el punto de vista de la eficiencia energética, pero sí es la más eficaz en carretera. En comparación con el Lexus LC con motor híbrido, ofrece mayor potencia y mayores prestaciones, convirtiéndose en la nueva referencia en deportivos de la marca. 

Muy llamativo


Las formas cupé de este Lexus son muy agresivas. Su aspecto es musculoso, atlético y un punto agresivo lo mires por donde lo mires.
Este es un cupé que hace desviar cabezas a su paso. Cuesta pasar desapercibido con él, a pesar de que la unidad que tuve en mis manos tenía un color bastante discreto. La admiración ajena se multiplicaría con cualquier otro color de los  disponibles en el catálogo, desde el Rojo Sonic hasta el amarillo Nápoles, pero eso es algo a gusto del cliente.

En cualquier caso, la estética del LC 500 se percibe espectacular. Sus evidentes formas cupé, marcadas por el largo capó, el parabrisas inclinado y la línea de techo en caída hacia la zaga, se perfeccionan con unas formas fluidas y muy aerodinámicas reparatidas por toda la carrocería. Llama la atención el frontal típico de Lexus, que luce una gran parrilla en doble punta de flecha, con tramado interior 3D y borde cromado; los faros tienen unas formas muy afiladas,  y el típico grafismo en L de las luces LED, marca de la casa; y el paragolpes muestra unas formas muy aerodinámicas y unas grandes entradas de aire frontales en vertical.

El motor V8 de gasolina del LC 500 es el mismo que se monta en el Lexus RC-F y el GS-F.
La imagen del coche visto de frente es muy agresiva. También hay unas marcadas entradas de aire en los anchos pasos de rueda traseros, que indican a primer golpe de vista que se trata de un deportivo de tracción trasera. Es un coche muy bajo (1,34 metros), ancho (1,92 metros) y relativamente compacto (4,76 metros). Digo relativamente porque sus rivales teóricos son más cortos y también algo más ligeros. 

El interior es realmente original y se desmarca de lo visto en cualquiera de sus competidores. La sensación de espacio es buena, a pesar del considerable tamaño de la consola central.
La versión que probé del LC 500 montaba llantas de 20 pulgadas con neumáticos Bridgestone Turanza T005 en medidas 245/45 RF 20. Son neumáticos de tipo Runflat, antipinchazo, y esto permite que el coche no lleve ni rueda de recambio ni kit reparapinchazos. Así se aprovecha al máximo el poco espacio disponible para maletero, y de paso se reduce algo de peso. El maletero, como es de esperar en un coche de su filosofía y estilo, es corto, poco profundo y bajo. Caben un par de bolsas de deporte y poco más. La habitabilidad no es el punto fuerte del LC 500, como es normal. Las dos plazas traseras son para uso ocasional, y cuesta bastante entrar y salir de ellas. En las plazas delanteras la sensación de espacio es correcta, si bien la gran y alta consola central hace un poco angosto el habitáculo. 

Aire artesanal


El cuadro de instrumentos es minimalista. Todo se concentra alrededor de este reloj, que combina sus gráficos digitales con un marco físico que puede variar su posición.
Al volante de este Lexus se adopta una posición de conducción muy baja, muy fácil de ajustar al milímetro tanto en distancia y altura de banqueta como de volante. No obstante, el único hueco aprovechable para dejar el móvil o la cartera mientras se conduce es la guantera central, que rápidamente se queda pequeña. Y es obligado llevarla en su posición adelantada o de lo contrario deja de ejercer su función de apoyabrazos y fácilmente tu codo chocará con el hueco resultante.

Este es el primer turismo que equipa de serie un cambio automático de 10 velocidades.
La ergonomía es mejorable en algunos puntos de este Lexus, pero se le perdona. La visión de todo lo que nos rodea una vez nos sentamos frente al volante es magnífica, tanto por lo agradable del diseño como por la perfección en los acabados. Se utiliza mucho material noble (piel y aluminio, básicamente. Hay poco plástico a la vista) y por ese aura de tecnología que dan las pantallas digitales, especialmente la central, de un tamaño considerable: 10,3 pulgadas.

La pantalla digital central más bien parece una televisión por el tamaño y la calidad de sus gráficos.
Esta pantalla, perteneciente al sistema Lexus Multimedia, muestra unos gráficos muy atractivos y unos menús teóricamente fáciles de usar. Digo teóricamente porque el manejo es a través de un trackpad situado en la consola central, detrás de la palanca de cambio. Este sistema es una evolución del que ya probé en el Lexus GS, y requiere movimientos con los dedos similares a los que hacemos cuando tocamos un Smartphone. El problema es que es demasiado sensible a nuestra pulsación, y acertar con el “clic” no siempre es fácil. Requiere un periodo de adaptación. 

Lexus sigue confiando en sistemas táctiles en lugar de diales para manejar los menús. El único dial se reserva para el volumen de la radio, y se acompaña de dos palanquitas para el manejo de las emisoras. También hay teclas de acceso directo al navegador, la radio y los equipos auxiliares. 

Este es el curioso mando de accionamiento de los diferentes modos de conducción, situado al lado del volante.
Esta consola central queda muy elevada y separa muy claramente el espacio para el conductor y el pasajero, en un estilo muy deportivo. El volante tiene unas formas muy agradables y muy buen tacto. De la misma manera, los asientos son muy confortables y sujetan el cuerpo de forma excelente. Tienen ajuste eléctrico, son calefactables y refrigerados. La sensación de confort una vez te sientas frente al volante llega de inmediato, como siempre suele ocurrir en un Lexus. En este caso, percibes que la atención al detalle es. Incluso, superior. Y es que Lexus destina unos operarios especializados para el montaje del interior de este coche, denominados Takumi, que llegan a emplear una media de 20 minutos en cada tarea. Es la única forma de que se cumplan los requisitos de calidad de la marca, y se cree en el habitáculo ese aire artesanal y de perfección en los detalles que se busca. 

Potente, pero no radical


Las plazas traseras son bonitas pero estrechas y muy poco aprovechables, excepto en viajes de corto recorrido.
Ya en parado el coche te cautiva. Pero lo mejor viene al darle al botón de arranque y escuchar el súbito bramido, que a modo de saludo, emite el motor V8 de gasolina. Este V8 es capaz de dar 477 CV de potencia sin turboalimentación, mediante aspiración natural. Es un motor que al ralentí y a bajas vueltas emite un agradable y acompasado ronroneo, el fruto de su refinado funcionamiento mecánico y también de un sistema de generador de sonido que transmite parte de esa sonoridad al interior del habitáculo.

Ya desde el primer recorrido de gas este V8 demuestra tener mucho par y potencia, que entrega de forma totalmente lineal, elástica, sin vacíos ni brusquedades innecesarias. Este es un potente deportivo con carácter de Gran Turismo, capaz de ser llevado con la finura característica de una berlina, pero a la vez, capaz de ofrecer fuertes sensaciones en conducción deportiva.

El diseño de los faros es muy original y contribuye a dar un aspecto agresivo al coche visto de frente.
Esta versión el LC500 acelera de 0 a 100 km/h en 4,7 segundos y alcanza una velocidad máxima de 270 km/h. No es el cupé con mejores prestaciones de su segmento, ya que un Porsche 911 Carrera GTS o un Jaguar F-Type, con una potencia similar, ofrecen algo más. El LC 500 huye de las prestaciones puras y de una cierta radicalidad que sí encontramos en sus rivales más directos. Forma parte de la filosofía de la marca, que difícilmente acepta sacrificar en sus modelos el confort que buscan sus clientes a cambio de la efectividad pura en carretera. 

Uno de los aspectos más atractivos del coche es el sonido que emite el motor y los escapes, especialmente si conducimos con el modo deportivo activado.
El hándicap principal del Lexus LC 500 en este sentido viene marcado por su elevado peso, cercano a las dos toneladas, que “lastra” un poco el coche a la hora de exprimir las bondades de su chasis.

Su comportamiento en carretera de montaña es impecable, entra en las curvas de forma muy directa, con total precisión y sin apenas balanceos de su carrocería. Tiene una natural tendencia a sobrevirar, ya que toda la potencia se transmite a las ruedas traseras, y ésta no es poca. Pero los controles de estabilidad recolocan la zaga de forma muy rápida para que el conductor mantenga el control sobre el coche. Equipa un sistema de modos de conducción que cuenta con las posiciones Sport y Sport +, esta última adecuada para circuito al desconectar todo tipo de ayudas. 

Buen chasis, y adaptable


A pesar de tener un peso bastante elevado, las reacciones de este cupé deportivo son muy nobles y predecibles.
El modo Sport es el ideal para circular por una carretera de montaña poco transitada como la que podéis ver en las fotos y el vídeo. La dirección y las suspensiones se endurecen en su justa medida, mientras que el motor y el cambio aceleran su respuesta.

Es todo un placer escuchar y notar cómo el motor se estira hasta más allá de 7.000 vueltas sin perder un ápice de su régimen en las transiciones entre marcha y marcha. El cambio automático es una maravilla, y al tener 10 marchas, siempre permite ir en la relación adecuada. Su accionamiento en forma secuencial es sencillo, gracias al perfecto tamaño y posición de las levas, detrás del volante. En las reducciones hace de forma automática el doble embrague al reducir, que se traduce en un sonido de escape tremendamente deportivo.

Los 140.000 euros de base que cuesta este cupé hacen que esté al alcance de pocas personas. Es un coche muy exclusivo.
Lexus se ha esforzado no sólo en crear unas sensaciones de confianza y seguridad en la conducción, sino también de excitación de los sentidos. El Lexus LC 500 quizás no sea el deportivo más eficaz del mercado, pero transmitir transmite, y mucho. 

Opinión del experto

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