Seat León FR 2.0 TDI 150 CV

11 de marzo 2013

Pruebas
Juan Carlos Grande

Juan Carlos Grande

Eloy García

Un nuevo sabor para el León FR

Equilibrio es la palabra que mejor define al Seat León FR
Repasando los últimos productos de Seat, parece claro que la marca española no está abandonada a su suerte; ni mucho menos. Dan lugar a la esperanza las buenas críticas recibidas por el nuevo Toledo -completamente rediseñado, y del que en Coches.net tuvimos ocasión de probar una de sus primeras unidades-, la positiva evolución del Ibiza -del que recientemente hemos probado la versión Cupra- y, por último, el cambio de filosofía que trae consigo el nuevo León.

El popular compacto de Seat recibe un completo rediseño, que murmura a modo de mantra el deseo de agradar a todo el mundo; o cuando menos, el de no ahuyentar a ningún posible comprador. Más sobrio, más serio, más “alemán” si queremos llamarlo así; pero sin perder un ápice de atractivo. Y no sólo está hecho para gustar: se nota que ha sido fabricado para convencer.

Exhibe argumentos de sobra para competir con los mejores
Son tiempos de dura lucha en el sector del automóvil, y más si cabe en la arena del segmento C; aquí el Seat León ha de posicionarse, y con renovados argumentos, ante rivales tan duros como puedan ser los Renault Mégane, Ford Focus, Citroën C4, Opel Astra y Toyota Auris.

El nuevo León pretende dar mucho juego en su categoría, incorporando a su gama la variante SC de tres puertas ya presentada en el Salón de Ginebra, así como la version ST con carrocería familiar, prevista para finales de año. Todo ello, gracias a la incorporación de la plataforma modular MQB ya empleada en los nuevos Volkswagen Golf y Audi A3.

Diseño más neutro y discreto

Seat ha acertado en su intento de gustar a (casi) todos
Su línea exterior evita riesgos, ciñéndose a la actual identidad de la marca. Así se hace notar en su frontal, que para muchos se parece demasiado al del Ibiza. Por lo demás, el nuevo León es más elegante que el anterior visto desde cualquier ángulo. Respecto de aquel, pierde 1,5 cm de longitud total aunque a cambio gana 3,5 cm de distancia entre ejes -mejora de la que carece nueva versión SC de tres puertas-.

Pero no vamos a extendernos mucho en describir las cualidades generales del nuevo compacto de Seat, algo que ya hizo con todo detalle Joan Dalmau en su reciente prueba del León 1.4 TSI 122 CV en acabado Style. Puesto que el modelo que hoy nos ocupa es el León FR (la variante más deportiva del Seat León por el momento, a la espera de que llegue el ansiado Cupra) con motor 2.0 TDI de 150 CV, nos centraremos en hacer notar sus diferencias respecto del Seat León “convencional”.

El León FR luce paragolpes, llantas y escapes de diseño exclusivo
En el exterior, los cambios más notables se encuentran en los paragolpes de diseño exclusivo, una parilla presidida por el logotipo FR, un generoso escape doble en el lado izquierdo y, como no podía ser menos, unas llantas de mayor diámetro -de serie monta 17” pero nuestra unidad de pruebas equipaba las opcionales de 18”-. El diseño afilado de los espejos retrovisores choca con la discreción general de la carrocería.

Llaman la atención las luces de tipo LED opcionales que no sólo dan una imagen espectacular al coche, sino que iluminan realmente bien, tanto las de día como las de cruce y carretera. Parece una opción cara (su precio es de 977 euros), pero no más de lo que suelen serlo unos faros de xenón; y suponen además un adiós definitivo a la corta vida de las bombillas. Según datos de Seat, las luces LED tienen una duración media de 10.000 horas de uso, nada menos.

Grandes mejoras en el interior

Un salpicadero algo más sobrio, pero de muy buena factura
Por dentro, no esperemos un diseño muy diferente al del resto de la gama León, más allá de las costuras rojas de la tapicería (opcional de piel, en nuestro caso) y el volante achatado en su parte inferior -costumbre que no logro entender en ningún coche de calle, por deportivo que pueda ser-. El rediseño del salpicadero es todo un acierto, mucho más sobrio que el de la segunda generación del León, con una consola central orientada al conductor y todos los mandos muy a mano. También la gran pantalla táctil del navegador queda a una altura casi perfecta.

El habitáculo del nuevo León da un gran salto en la calidad de sus materiales. Como suele ocurrir, los de peor factura quedan reservados a la parte inferior del salpicadero y de las puertas, pero encontraremos muchas secciones y componentes del mismo nivel de acabado que los del Volkswagen Golf; y de hecho, la mayoría de los mandos son idénticos.

Los asientos en el FR son, cómo no, de corte deportivo. Sujetan bastante bien en curvas aunque están lejos de ser tan envolventes como los del Ford Focus ST. Es fácil encontrar la postura ideal de conducción, gracias tanto a los precisos ajustes de los asientos como por el volante regulable en altura y profundidad.

Asientos deportivos que no dejan de lado el confort
La habitabilidad en las plazas traseras es muy buena, con mucho más espacio para nuestras frecuentemente sufridas rodillas. Por este motivo, y también por altura libre al techo, los pasajeros de mayor estatura no tienen de qué preocuparse. Siempre, claro está, que no pensemos llevar tres personas en la fila de atrás, ya que el asiento central resulta estrecho y duro, viéndose además penalizado por un túnel central voluminoso que obliga a separar mucho los pies.

El maletero es realmente espacioso para un compacto de estas dimensiones: sus 380 litros de capacidad dan para mucho, y sus formas son muy aprovechables. Lástima que los asientos, una vez plegados, formen un escalón bastante evidente; nos hubiésemos conformado con una cierta inclinación del fondo, si sólo hubiese sido un poco más plano. Bajo el piso del maletero encontraremos una rueda de repuesto de tipo “galleta”, sobre la que se aloja el subwoofer del equipo de audio.

Un conjunto muy bien avenido

Su comportamiento no es ,ni mucho menos, radical
El Seat León FR TDI es el coche con el que más me he divertido en carretera últimamente. Viene a ser un automóvil perfecto para el “mundo real”, tan repleto de limitaciones legales y de sentido común. De acuerdo; no es un tracción trasera, ni alcanza los doscientos caballos, ni tampoco nos despeinará por mucho que abramos su techo solar. Pero es un coche tan completo y manejable que haría difícil justificar la necesidad de gastarnos mucho más dinero en un coche que no vamos a meter en circuito.

El nuevo motor 2.0 TDI de 150 CV -del que ya nos habló Néstor Abarca en su prueba del Audi A3- viene a ser una versión aún más refinada del 140 CV common rail que tan buenas críticas ha venido cosechando (no tanto así el bomba-inyector precedente, tan eficaz como tosco). Mejora al anterior no sólo por sus diez caballos extra, sino también por un tacto más “de gasolina”, con una estirada muy aprovechable. Lástima que su sonido se filtre más al habitáculo que en un Golf o un A3.

Buenas cualidades ruteras, en parte gracias a un estupendo motor diésel
A cambio de su mayor vigorosidad –y quizás sólo sea una sensación- parece que le cueste recuperar un poco más; siempre por debajo de la zona de par, que empieza sobre las 1.800 vueltas. No ayuda a esto último la configuración de la caja de cambios, con seis marchas un tanto largas; algo que a medio plazo, viéndole el lado positivo, agradeceremos en los consumos. Y hablando de consumos, apenas superaremos los seis litros de promedio en el uso habitual; muy buena cifra para un motor de esta cilindrada y potencia. También ayuda a reducir gastos el sistema stop-start incorporado.

El 2.0 TDI es el único diésel disponible por ahora para el acabado FR. En gasolina, tenemos los 1.4 TSI de 122 CV -realmente equilibrado en prestaciones y consumos- y 140 CV. Este último resulta muy prometedor ya que, al menos según cifras oficiales, iguala al de 122 CV en gasto de gasolina y reduce mínimamente las emisiones (119 frente a 120). El sobreprecio es de sólo 540 euros, por lo que es para pensárselo.

Cambios en tecnología, para bien o para mal

El sistema XDS reduce el subviraje en conducción deportiva
Se hace tan sencillo conducir a buen ritmo este León, que en cuestión de minutos uno se cree mucho mejor conductor de lo que realmente es. Me ha sorprendido gratamente su agrado de manejo, tanto por el tacto de los pedales y el cambio como, sobre todo, por una dirección muy, muy precisa. Pero, entonces, ¿dónde fue a parar el carácter subvirador que se espera de un tracción delantera / motor delantero como éste?

La respuesta está en el XDS, una característica del sistema de control de tracción encargada de emular sobre el eje delantero el funcionamiento de un diferencial electrónico. Controla en curvas el giro de la rueda interior, frenándola momentáneamente cuando se hace necesario -si queréis conocerlo en mayor detalle, Joan Dalmau lo describe de manera muy didáctica en su prueba del Seat León 1.4 TSI 122 CV-. En consecuencia, la gran pega del XDS estará en su potencial para desgastar prematuramente las pastillas de freno; aunque para ser honestos, dudo mucho que todos vayamos diariamente al trabajo conduciendo a fondo por carreteras de montaña...

Equipa un eje trasero de barra de torsión; adiós a la suspensión multibrazo
Otro asunto que ha generado debate entre los más adictos al mundo del automóvil es el eje trasero "económico". En el caso del nuevo León, Seat reserva la suspensión trasera multibrazo para las versiones con más de 150 CV de potencia. Por tanto, este León FR monta la más sencilla, con un eje trasero de barra de torsión. Pero, ¿de verdad eso es un problema?

La cuestión no da para tanto, ni mucho menos. Cierto es que el eje trasero no se siente tan aplomado como si montase una suspensión multibrazo: el protagonismo recae sobre el tren delantero, que controla dirección y frenada, mientras que el trasero se limita a acompañarlo con discreción. Se le nota más ligero, más pasivo, y también un poco más rebotón en frenadas fuertes sobre asfalto rizado; pero en ningún caso supone un gran inconveniente, ni nos pondrá en el menor peligro: tan sólo es menos refinado. Ahora bien; si la exclusión de un eje trasero de mayor calidad queda o no justificada por razones de coste, esa ya es harina de otro costal.

Fotos: Eloy García
El Seat León incorpora un selector de estilos de conducción llamado 'Seat Driver Profile', que permite elegir entre los modos Normal, Sport, Eco e Individual. En realidad, dicho selector no logra modificar en gran medida el comportamiento dinámico del coche. En primer lugar porque no afecta a las suspensiones: solamente actúa sobre el motor la dirección. En segundo, porque las modificaciones del mapa motor (Normal, Eco y Sport) son demasiado sutiles como para que merezca la pena alternar entre modos durante el uso cotidiano.

Donde sí notaremos diferencia en el tacto de la dirección. El modo Sport la endurece para hacer más preciso el pilotaje en carreteras viradas. En cambio, el modo Normal facilita mucho la conducción en ciudad, suavizando el tacto de la dirección pero con la gran virtud de transmitir la misma información que en Sport. En ningún caso encontraremos el menor rastro de imprecisiones, ni la menor sensación de aislamiento del asfalto.

En definitiva, un gran compacto

Como decíamos al comienzo de esta prueba, el nuevo Seat León se enfrenta a muchos y buenos rivales. Aunque quizá sean ellos quienes deban temer a la nueva encarnación del compacto de Seat. Y también quizá, el competidor que deba sentirse más amenazado por este León sea el Volkswagen Golf.

Si tenemos en cuenta que el Seat León FR 2.0 TDI tiene un precio base de 24.710 euros, 1.705 euros menos que el Golf con acabado Sport e idéntico motor, muchos posibles compradores del superventas de Wolfsburgo podrían cambiar de opinón, atraídos por las muchas cualidades de su “primo” de Martorell.

Opinión del experto

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