Mitsubishi L200 D/C 250 DI-D: Ocio y trabajo a partes iguales

26 de julio 2016

Pruebas
Jaume Gustems Casado

Jaume Gustems Casado

Asensi Carricondo

Para todo


El Mitsubishi L200 tiene un diseño poco convencional, con mucha personalidad. En esta última versión se han retocado algunos detalles en la carrocería (Fotos: Asensi Carricondo).
El mercado español nunca ha sido un mercado de pick-up, aunque tuvo una época de esplendor hace aproximadamente una década, cuando se matriculaban todo tipo de vehículos, tanto particulares como de flotas, fruto de una fuerte actividad industrial y un situación económica boyante. Ahora este reducido segmento vuelve a despegar ligeramente motivado por la ligera mejora de la economía y por la renovación de producto que han puesto en marcha algunas marcas como Ford, Nissan y Toyota. Ford ha lanzado hace unos meses el nuevo Ranger,  Nissan el nuevo Navara y Toyota la última generación del Hilux. 

Por lo que respecta a Mitsubishi y su pick-up insignia, el L200, coge de nuevo fuerza con una actualización profunda de su diseño y equipamiento, que la marca japonesa puso en marcha a mediados del año pasado. 

El L200 se presenta como un vehículo mixto para uso industrial o de ocio. En esta versión Doble Cabina puede ser utilizado incluso como un vehículo familiar.
Esta generación el L200 tiene ya 10 años en el mercado, pero se mantiene fresca y competitiva gracias a su calidad de construcción y a un diseño muy vanguardista que en su momento pareció avanzarse a su tiempo. Con unos pequeños retoques en su diseño, el L200 ha vuelto a ganar en atractivo y se presenta como una excelente alternativa dentro de este segmento tan limitado en ventas pero tan competitivo en oferta. 

Hace unos meses os presentamos un comparativo con prácticamente todos los modelos de pick-up que se venden en España, en el que podéis haceros una idea de cómo se posiciona el L200 frente a su competencia. Allí contamos con  un L200 con el motor diésel más potente, cambio automático y  el acabado más lujoso, Kaiteki. 

El interior ofrece una buena sensación de calidad, gracias a la utilización de materiales de aspecto duradero y a un diseño atractivo a la vista.
Ahora os presentamos este mismo coche pero con motor diésel de 154 CV, cambio manual de seis velocidades y el acabado intermedio, Motion. Cuesta 34.000 euros, 6.000 euros menos que el L200 Kaiteki, aunque éste incluye el cambio automático de serie. 

La versión Motion es una de las más equilibradas de la gama, teniendo en cuenta que ésta empieza en 26.500 euros, que es lo que cuesta el L200 de cabina simple y acabado M-Pro. 

Hemos escogido una carrocería de Doble Cabina porque es la que se adapta mejor a las necesidades de un cliente que quiere utilizar el coche tanto para el trabajo como para el ocio y el transporte en familia. De hecho, este pick-up está perfectamente preparado para cumplir con las dos tareas, gracias a su relativa buena habitabilidad, completo equipamiento y nivel de confort. Su origen es industrial, qué duda cabe, pero la evolución que han experimentado los pick-up en los últimos años hacia características propias de un todoterreno convencional hacen posible más que nunca esta dualidad de uso. El Mitsubishi L200 es uno de los mejores ejemplos, ya que se perfila, como podéis ver en el comparativo de segmento, como el mejor entre sus rivales cuando se trata de hablar de comportamiento en carretera. 

Hay cosas que no cambian


Las plazas traseras son suficientemente cómodas para dos adultos. El tercero de la plaza central debe lidiar con la presencia del túnel de transmisión.
Hay algo a lo que no ha renunciado Mitsubishi en su pick-up de referencia: el chasis clásico de escalera y las ballestas en la suspensión trasera. Esta base lo convierte en un pick-up de batalla, capaz de ser utilizado como burro de carga o como todoterreno para excursiones de buen nivel en off-road. No obstante, hay que tener en cuenta que la capacidad de carga de su caja es limitada, y no precisamente una de las mejores de su clase. De hecho, estas pick-up tampoco son la panacea, ya que en ellas no caben, para que os hagáis una idea, una moto de enduro ni un quad (excepto que sean de tamaño infantil) a no ser que circulemos con la portezuela bajada, pero no olvidéis que eso requiere la señalización correspondiente. 

En sus plazas traseras pueden viajar tres adultos, sentados en una banqueta con unos respaldos bastante verticales, pero que ofrece un correcto nivel de confort. El pasajero central, como siempre,  ve limitado el espacio para colocar sus piernas debido al túnel de transmisión. Su respaldo, por otro lado, también puede utlizarse apoyabrazos, si es necesario. La distancia entre filas es buena, como lo es la altura de banqueta, anchura y altura al techo. 

La caja de carga no está entre las mejores del segmento, pero es muy aprovechable gracias a la poca intrusión de los pasos de rueda.
El inconveniente de viajar en estas plazas traseras es la incomodidad que provoca la suspensión trasera a base de eje rígido y ballestas, muy rebotona. 

En las plazas delanteras también encontramos un buen espacio y un salpicadero de aspecto moderno, agradable a la vista, acabado con buenos materiales. Hay poco que envidiar a un TT convencional con un enfoque más rutero. Lejos quedan en este pick-up los acabados industriales que hace unos años identificaban a este tipo de vehículos. 

Buenos acabados y materiales


El Mitsubishi L200 mide 5,20 metros de longitud y tiene 3 metros de batalla. No son las dimensiones ideales para manejarse en ciudad, prefiere la carretera abierta.
Este acabado Motion, por debajo del Kaiteki pero por encima del M-Pro, destaca por tener algunos detalles cromados en el salpicadero y las manillas interiores de las puertas, pero por equipar tapicería de tela y no de cuero. Aunque impera el negro de los plásticos, la sensación de calidad percibida es buena. El cuero del volante multifunción y la palanca de cambios genera una buena sensación sólo al ponerte a sus mandos. Eso sí, la instrumentación es sencilla. Encontramos botones grandes para la activación de los sistemas de seguridad como el control de mantenimiento de carril o el desconectador del ESP, un cuadro de instrumentos clásico con velocímetro y cuentarrevoluciones con pantalla digital en el centro y un sencillo equipo de sonido con pantalla táctil de 6,1”. El sistema de navegación multifunción MMCS  no está disponible en este acabado, sólo en el Kaiteki.

Su comportamiento en carretera revirada es muy bueno, gracias a una dirección muy directa y a un chasis ligero y ágil.
En la consola central se sitúa el dial con el que se selecciona el modo de transmisión a las ruedas traseras (2H) a las cuatro ruedas (4H), a las cuatro ruedas con bloqueo de diferencial central (4H Lc) o a las cuatro ruedas con reductora (4LLc).

Este es uno de los mejores sistemas de transmisión del mercado, una tecnología que identifica a los productos de Mitsubishi desde hace décadas, y que sigue siendo difícilmente superable. La diferencia en los últimos años es que ahora los diversos modos de transmisión se activan mediante un dial y no a palanca. Pero en el fondo, la tecnología y al eficacia de esta transmisión sigue siendo la misma. Con ella, el L200 se convierte en un auténtico TT, capaz de superar situaciones en off-road realmente complicadas. Este pick-up tiene un buen recorrido de suspensión, buena altura libre y ángulos de entrada y salida. Como ya es conocido, sólo el ángulo ventral fruto de su larga batalla limita algo la superación de obstáculos en el campo. Pero las aptitudes para el TT son excelentes. 

Casi un turismo


El motor es un turbodiésel 2.4 que da 154 CV, suficientes para mover la carrocería incluso cargados.
En carretera, tal y como afirmamos en nuestra comparativa, es uno de los mejores pick-up del mercado. Destaca por ser muy ágil en los cambios de trayectoria, gracias a una dirección directa y de buen tacto, que hace muy fácil y seguro el guiado del coche. El punto negativo de esta dirección es que no acaba de filtrar bien las irregularidades del asfalto, y transmite algunas vibraciones al volante. 

El motor, no obstante, tiene un funcionamiento bastante refinado. Es un turbodiésel 2.4 de 154 CV, que entrega a 3.500 r.p.m. Tiene un bloque fabricado en aluminio y utiliza inyección common rail y turbo de geometría variable. Entrega mucho par a bajas vueltas, y eso facilita todo tipo de maniobras, las recuperaciones y la circulación en ciudad. La elasticidad de este diésel, bien asociado a una caja de cambios manual de 6 velocidades, es uno de los puntos que hacen fácil y agradable la conducción de este Mitsubishi. No bebe mucho: 7,1 l/100 km. fue lo que registró como media en nuestra prueba, con un consumo máximo de 8 l/100km. en ciudad y un mínimo de 5 l/100 por autovía a velocidad de crucero. Mitsubishi homologa un consumo medio de 6,4 l/100km.

Uno de los puntos fuertes del L200 es su aptitud para el todoterreno. Su chasis de largueros, buenas suspensiones,, ángulos de ataque y efectiva transmisión lo hacen un auténtico TT.
El cambio tiene una sexta relación muy larga, que hace posible que a velocidad de crucero el motor ruede a un régimen bajo, favoreciendo un bajo consumo y un bajo nivel de ruido en el interior del habitáculo. De hecho, este pick-up destaca por su buen y silencioso rodar en autopista o vías rápidas. 

En este escenario, el L200 permite aprovechar uno de los pocos sistemas de asistencia que equipa: el aviso de salida de carril. Se activa por defecto al arrancar el coche, y su pitido puede llegar a ser molesto en determinadas circunstancias. Por suerte, puede ser desconectado.

Legislación poco favorable


Con este dial se conectan los diferentes modos de transmisión.
El Mitsubishi L200 es, por lo tanto, una buena opción si estáis interesados en comprar un todoterreno, un tipo de vehículo que cada día escasea más, y queréis algo diferente. Pero deberéis aceptar sus limitaciones en cuanto a confort (debido a la presencia de las ballestas), habitabilidad (las plazas traseras son un poco más incómodas y tampoco es lo mismo una caja de carga que un maletero) y sobre todo, en lo referente a legislación: al estar considerado como vehículo industrial, un pick-up en teoría no puede superar los 90 km/h, algo que incluso muchos propietarios de este tipo de vehículos incluso desconocen. Es una lástima, ya que por aptitudes, un pick-up como este Mitsubishi L200 puede aportar muchas satisfacciones, que se multiplicarían con una legislación favorable. 

Opinión del experto

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