BMW Serie 2 Active Tourer 218i Steptronic Luxury

28 de noviembre 2014

Pruebas
Juan Carlos Grande

Juan Carlos Grande

Eloy García

Algo está pasando en BMW

El mundo se acaba. Porsche vende todoterrenos, la berlina más interesante del momento lleva motor eléctrico y Dacia se ha convertido en una marca superventas. Y por si aún os quedan dudas sobre el advenimiento del apocalipsis, no olvidéis que Mercedes-Benz anda obcecada en conquistar al público joven (efectivamente: algo está pasando en Mercedes).

Seguramente, los más temerosos del Armagedón automovilístico estaréis sintiendo cómo un escalofrío os recorre la espina dorsal; pero aún podéis contar con el consuelo de que BMW siempre estará ahí para vosotros. BMW, fabricante de cupés y cabrios de ensueño con cerebro alemán y pasión en su alma. BMW, abanderada de la propulsión trasera como salvoconducto hacia el nirvana de la velocidad. BMW, la compañía que ha puesto en el mercado un monovolumen con tracción delantera. ¿…Perdón?

Así es el primer BMW con carrocería monovulumen y tracción delantera. (Fotos: Eloy García)
Así es. La marca que algunos creían incorruptible en sus valores, último bastión del romanticismo sobre cuatro ruedas, ha puesto a nuestro alcance un coche familiar que antepone el confort de uso y la vocación de servicio sobre cualquier otra premisa.

¿Cabe entender entonces que BMW ha sucumbido a la realidad del mercado? Por supuesto, como cualquiera que tenga intención de sobrevivir en este mundo. Porque, no nos engañemos, la única realidad es precisamente la que dicta el mercado. (De acuerdo, la influencia de las diferentes Administraciones también forma parte de su evolución en aspectos como el control de emisiones contaminantes y los sistemas de seguridad, pero al final del día es el cliente quien premia o castiga a cada marca.)

La marca asegura que sus clientes venían demandándole un coche como éste.
Para poder comprender este statu quo -lo que no implica necesariamente aceptarlo- debemos apartarnos por un momento de nuestra perspectiva como apasionados del mundo del motor. Los datos, fríos y carentes de emoción, indican que sólo una minoría antepone el coche que desea sobre el que necesita; el resto, el gran resto, procura elegir el coche que mejor se adapta a sus necesidades dentro de un presupuesto más o menos limitado.

BMW afirma que este coche responde a la demanda de muchos de sus clientes.
Tampoco hay por qué rasgarse las vestiduras. Al fin y al cabo lo que están haciendo todas las marcas, BMW incluida, es algo tan simple como tratar de satisfacer a sus clientes. ¿O no es ese el primer mandamiento de cualquier compañía? En el caso que hoy nos ocupa, la marca muniquesa asegura que su clientela venía demandando una alternativa más versátil y compacta que las típicas berlinas familiares. Más concretamente, un monovolumen de calidad como los que Mercedes y Volkswagen ya les ofrecen (hablo de vosotros, Clase B y Golf Sportsvan). Y no están las cosas como para dejar marchar a los posibles compradores sin antes presentarles una buena propuesta.

... Y aquí estamos hoy, con un BMW Serie 2 Active Tourer que probar para vosotros.

Monovolumen y BMW: La cuadratura del círculo

Muchos se sorprenden al ver por la calle un automóvil BMW con esta silueta.
Como los dos rivales a los que hemos hecho referencia, el Serie 2 Active Tourer es un automóvil compacto con carrocería monovolumen y tracción delantera. La renuncia al tradicional esquema de propulsión posterior tiene una explicación económica (ahorro de costes al aprovechar la misma plataforma del nuevo Mini), que la marca justifica con que muchos de sus clientes admiten desconocer cuál es el eje motriz de su propio BMW.

Nos queda entonces un automóvil con los mismos argumentos básicos que los de su competencia, pero que cuenta a su favor con la fidelidad que los clientes suelen mostrar hacia la marca que llevan en el corazón (algo que cuesta ver en el mercado generalista, ¿me equivoco?). Este coche está aquí para quien quiera un monovolumen de BMW, no para quien busque sólo un buen monovolumen. 

Desde esta perspectiva, casi parece un compacto. Pero no lo es.
Pero claro, para ser un verdadero BMW también hay que parecerlo; y debo admitir algo extrañado que el Serie 2 Active Tourer sí tiene pinta de BMW. Sus diseñadores merecen aplausos por haber conseguido que un coche con este tipo de carrocería pueda ser inmediatamente reconocido como un coche de la casa de Baviera. Es más, visto desde ciertos ángulos aparenta ser más un compacto que un monovolumen. O casi: con 4,34 metros de largo por 1,80 m de ancho y 1,55 de alto, sus dimensiones exteriores lo delatan una vez más como directísimo competidor del Mercedes-Benz Clase B.

A partir de aquí, dejo a vuestro gusto decidir si el modelo de Múnich es más bonito que el de Stuttgart, si sucede lo contrario, u os parece que ninguno lo es en absoluto. Lo que sí presenta exteriormente el Active Tourer es una innegable sensación de calidad.

Esta impresión se repite en el habitáculo, pero ya os adelanto que se ve drásticamente condicionada por el grado de equipamiento que incorpora. Es decir: en función del nivel de acabado que elijamos para nuestro coche, su calidad de terminación puede pasar de ser poco más que correcta a directamente espectacular. Por este motivo, mejor será que nos ocupemos ahora de explicar qué es lo que obtenemos de serie y cuáles son las opciones elegidas.

Un proceso de compra más sencillo

Su equipamiento de serie es algo mejor de lo acostumbrado en la marca.
Los responsables de producto del Serie 2 Active Tourer parecen haber tenido en cuenta dos quejas muy comunes entre sus clientes: el limitado equipamiento que sus coches ofrecen de serie (lo habitual entre las premium alemanas) y lo complejo que resulta elegir elementos opcionales.

En respuesta al primer problema, la marca ha otorgado a este modelo un equipamiento de serie atractivo, que incluye llantas de aleación de 16”, portón trasero de accionamiento eléctrico, retrovisores plegables, sensores de lluvia y luces, climatizador bi-zona, radio-CD con USB y Bluetooth, reposabrazos central delantero, asientos traseros plegables en 40:20:40 y regulables en inclinación.

También se ha procurado poner fin a la pesadilla de seleccionar entre las casi infinitas posibilidades de equipamiento opcional. Seguirá siendo tan caro como de costumbre, pero al menos no supondrá un rompecabezas. BMW aplica aquí una política de equipamiento por paquetes, al estilo de las marcas generalistas. De este modo, podremos elegir entre cuatro niveles distintos por encima del básico; niveles que ya describimos detalladamente en nuestro primer contacto con el Serie 2 Active Tourer.

Con 13.000 € en extras, nuestra unidad viene cargada de lujo y equipamiento.
Hablemos ahora de precios. El Active Tourer más asequible monta el mismo motor que el coche que hoy probamos para vosotros. Se trata del 218i (gasolina de 136 CV), que tiene un precio de partida de 28.500 euros. A partir de aquí sólo queda sumar.

La unidad que veis en las fotos equipa cambio automático, que cuesta otros 2.227 euros. Además, se corresponde con el nivel de acabado Luxury, netamente superior al que

13.000 € en extras marcan la diferencia entre un coche muy decente y otro muy lujoso.
encontraremos en el nivel básico, y que a cambio de 4.900 euros nos permite disfrutar asientos confeccionados en cuero y calefactados, así como de materiales y molduras de alta calidad para crear mucho más sofisticado que el del modelo base. El nivel Luxury también enriquece el equipamiento de serie, incorporando faros full-LED, antinieblas delanteros, llantas de aleación de 17”, avisador de distancia de aparcamiento en el paragolpes trasero y un pack de iluminación exterior e interior.

Nuestro coche de pruebas trae además bastante equipamiento opcional, que incluye entre otros: pintura metalizada (760 €), techo panorámico (1.426 €), control de distancia en ambos paragolpes (399 €), cámara de visión trasera (456 €), Driving Assistant Plus (control de velocidad de crucero, distancia de seguridad y avance en retenciones de tráfico, 1.393 €). Con todos estos extras, y una vez aplicados impuestos y tasas, el precio de este 218i automático sube hasta los 43.804 euros. Estos más de trece mil euros en equipamiento marcan la diferencia entre un coche muy decente y un coche muy lujoso.

Primer mandamiento: cuidarás del conductor y sus pasajeros

Un puesto de conducción elevado pero en el que es muy fácil acomodarse.
Nada más sentarnos en este coche, resulta evidente que ha sido diseñado para ofrecernos la mejor vida a bordo. Para empezar, el puesto de conducción no obliga a mantener una postura tan erguida como la de otros monovolúmenes. Es más elevado de lo normal, por supuesto (11 cm más alto que en un BMW Serie 1), pero no exige acercar demasiado el asiento hacia el volante, permitiendo cierto grado de inclinación en el respaldo. Así que, en esta ocasión, no tendremos que conducir como si estuviésemos sentados sobre una silla. Además, las plazas delanteras ofrecen mucha amplitud, salvando la gran anchura de la consola central; como tampoco encontraremos problemas de visibilidad en ninguna dirección, ni siquiera a través del retrovisor interior.

Sólo he encontrado un par de detalles negativos: la inexplicable ausencia de regulación en altura para el cinturón de seguridad, y la aparatosa palanca que permite desplazar los asientos delanteros.

Buena ergonomía, instrumentación legible y una dotación tecnológica de primer nivel.
El salpicadero me ha convencido tanto por diseño como por ergonomía. Todos los mandos quedan al alcance de la mano, aunque más nos valdrá haber memorizado los botones alrededor del iDrive (situado entre los asientos) para no tener que desviar la mirada de la carretera. Tendremos también mucha información gráfica, pero queda bien organizada y repartida entre el cuadro de instrumentos, el head-up display opcional y la pantalla del navegador. Esta última no ha dejado de sorprenderme por su tamaño, calidad, resolución y rapidez de respuesta. En mi opinión, BMW está ganando la batalla del infoentretenimiento en su guerra global contra Mercedes y Audi.

Si algo han coincidido en destacar todas las personas a las que he enseñado el Active Tourer son sus plazas traseras. La habitabilidad que BMW ha puesto al servicio de nuestros pasajeros roza lo extraordinario. Buena parte de la culpa recae sobre su distancia de ejes, que con 2,67 metros permite disfrutar de mucho espacio libre para las piernas. Además, los asientos posteriores pueden ser desplazadados longitudinalmente (en configuración 60:40) para ganar espacio de carga. Incluso llevando los asientos a su posición más adelantada, es poco probable que nuestras rodillas toquen contra el respaldo de las butacas delanteras.

Asientos regulables en profundidad e inclinación, y espacio "para regalar".
La altura del techo tampoco supondrá un problema, ni siquiera para personas de elevada talla. En cambio, la anchura para los hombros puede ser escasa si pretendemos sentar a tres personas atrás. En tal caso, de todas formas tendrá más importancia la incómoda plaza central. Y no quiero decir que sea sólo un poco menos confortable que las otras dos: falla por ser demasiado estrecha, por la dureza de asiento y respaldo, y porque el túnel central obliga a situar los pies a ambos lados, molestando a los demás pasajeros. En cambio, si sólo hay dos personas atrás, viajarán con total comodidad.

Un maletero muy correcto, con formas regulares y portón de accionamiento eléctrico.
Con 468 litros de capacidad, el maletero nos dará buen servicio en la mayoría de situaciones, si bien puede quedarse algo justo para albergar el equipaje de cuatro personas. Para compensarlo, y como decía antes, los asientos traseros pueden adelantarse para ganar espacio de almacenaje. Con los tres asientos abatidos, dispondremos de hasta 1.510 litros de capacidad. Hallaremos espacio extra bajo el piso del maletero (que es plegable para que podamos dividir la carga), donde en vez de rueda de repuesto hay un kit antipinchazos.

El acceso a la carga se ve facilitado por la forma rectangular del portón, que presenta accionamiento eléctrico. Opcionalmente está disponible un sistema con el que podremos abrir y cerrar el portón pasando el pie por debajo del paragolpes, al estilo del que vienen ofreciendo otros monovolúmenes como el Ford C-Max. Una buena idea ejecutada sin brillantez, pues en ocasiones parece cuestión de suerte que los sensores detecten el movimiento del pie. Como para andar repitiendo la maniobra con una carga voluminosa en los brazos…

No es Fred Astaire, pero se atreve a bailar

Pese a carecer de tacto deportivo, se muestra noble y relativamente eficaz.
En contra de mis prejuicios, el Serie 2 Active Tourer no se ha mostrado como un coche torpe y aburrido. Al menos, no tanto como temía. BMW ha pretendido aplicar su filosofía a un producto que no encaja en ella; y aun así el resultado es un automóvil práctico, versátil y confortable, del que podremos extraer mucho agrado de conducción.

Pero ojo: hablo de agrado de conducción, no de emociones fuertes. Viajar en autopista con este coche es una experiencia relajante, gracias al silencio de marcha y el aplomo de su chasis. Y tampoco nos aburriremos enlazando curvas con suavidad. Lo mejor de este automóvil es que sabe afrontar dignamente cualquier tipo de recorrido que le propongamos. Su comportamiento es muy noble en general, aunque por su naturaleza de coche subvirador con un centro de gravedad elevado se le atragantan un poco las curvas más cerradas y los cambios rápidos de dirección. Las suspensiones están bien ajustadas, con un tacto firme que ayuda a sostener el vehículo y que sólo empiezan a sufrir con el coche cargado al máximo.

El motor tricilíndrico del 218i se queda algo justo de potencia y falto de finura.
Nuestro BMW 218i Active Tourer monta un motor de sólo tres cilindros y 1.5 litros de cubicaje, similar al que monta el Mini Cooper y que con 136 CV supone el punto de acceso a la gama de gasolina. Este motor forma parte de la nueva familia de propulsores BMW con estructura modular y turboalimentados, que al estilo de los Drive-E de Volvo e Ingenium de Jaguar Land Rover emplea bloques de tres y cuatro cilindros (cada uno de ellos de 500 cm3) con multitud de componentes compartidos incluso entre versiones de gasolina y diésel. Nos guste o no, este es el presente y el futuro a medio plazo de los sistemas de propulsión con potencias bajas y medias; cuya escalabilidad permite a los fabricantes contener sus costes de I+D y producción.

Los 136 CV de este motor se han mostrado capaces suficientes para mover bien el conjunto, salvo cuando hay que trasladar a cuatro pasajeros con todo su equipaje; en esa situación es mejor elegir bien el momento adelantar a otro vehículo. La capacidad de aceleración del 218i es buena pero no brillante (hace el 0 a 100 km/h en 9,2 segundos); y lo mismo podemos decir de sus recuperaciones, bastante decentes gracias a contar con 220 Nm de par desde un régimen tan bajo como 1.250 revoluciones por minuto. No olvidemos que el principal objetivo de este propulsor es desplazarnos cómodamente a velocidades legales, sacando partido de la buena aerodinámica del coche (sorprendente su Cx de 0,26).

Aunque por sus formas no lo parezca, su aerodinámica está muy lograda.
Siempre que voy a conducir un coche con motor tricilíndrico albergo dudas acerca de su finura, pues a menos que el árbol de compensación cumpla con su trabajo existe el riesgo de producir vibraciones a causa del número impar de cilindros. El 218i resuelve este problema sólo a medias, con un funcionamiento algo tosco y ruidoso (sobre todo en frío), y con un sonido que recuerda más al de un diésel. Afortunadamente, el problema se reconduce gracias al buen trabajo del escape y la extraordinaria insonorización del habitáculo.

El 218i Active Tourer está disponible con caja manual de 6 relaciones o con una nueva Steptronic automática, también de 6 marchas. Esta última es la que incorpora nuestro coche de pruebas, y ha mostrado un comportamiento sobresaliente. Da igual que circulemos sin prisas por la ciudad o encadenando curvas cerradas por un puerto de montaña. Por su rapidez y suavidad, la Steptronic se erige una vez más como ejemplo a seguir para la competencia –que, a decir verdad, también está elevando año tras año el rendimiento de sus cajas automáticas-.

Algo subvirador, pero suficientemente ágil a menos que vaya pleno de carga.
Otra característica interesante que vienen incorporando los BMW de nueva hornada es el llamado Driving Experience Control, un selector que nos permite elegir entre tres modos de conducción distintos. Por encima del modo Comfort (el que podemos considerar “estándar”) tenemos el modo Sport, que endurece el tacto del volante y acentúa la respuesta del acelerador. Como su nombre indica, es el más apropiado para realizar una conducción dinámica, pero por la excesiva sensibilidad del pedal puede hacerse algo brusco para llevar a los niños al colegio.

El modo Eco Pro se sitúa en el extremo opuesto, reduciendo al mínimo la capacidad de aceleración (si necesitamos acelerar con fuerza, hay que hacer kick-down pisando el pedal hasta el fondo) y desconectando temporalmente la transmisión cuando rodamos cuesta abajo en carretera. Este modo afecta a diferentes sistemas del coche, incluso a la calefacción y el climatizador, con el objetivo de reducir los consumos; aunque como sucede con el modo Sport no parece el más cómodo para el día a día.

Lo mejor: su extraordinaria caja de cambios automática. Lo peor: el consumo de gasolina.
Y hablando de consumos. Según los valores homologados (que en cualquier caso deberíamos considerar únicamente como orientativos, conociendo cómo se homologa el consumo de un coche), el 218i marca consumo mixto de 5,1 l/100 km. Pues bien, durante nuestra semana
El consumo de gasolina ha resultado ser un 60% superior al homologado.
de pruebas no hemos conseguido bajar de un promedio de 8,1 l/100 km; o lo que es lo mismo: más de un 60% por encima de lo anunciado. Por supuesto y como siempre, nos hemos ocupado de probar el coche en condiciones normales y sin buscar consumos, combinando autopista con carreteras secundarias y recorridos urbanos; pero se demuestra una vez más que los motores de gasolina turboalimentados y de baja cilindrada son mucho más eficientes en las pruebas de homologación que en el mundo real.

Si el consumo es un factor decisivo en vuestra decisión de compra, os recomiendo la variante diésel 218d de 150 CV. Cuesta dos mil euros más, pero además de esos 14 CV extra, trae consigo mejores recuperaciones, un ahorro en carburante que ronda los 2 por cada 100 km y un funcionamiento razonablemente silencioso.

Vender coches sensatos para seguir fabricando sueños

Estos BMW "sencillos" ayudarán a costear el desarrollo de otros modelos más exclusivos.
En cualquier caso, el Serie 2 Active Tourer representa cómo interpreta BMW el concepto de automóvil práctico. Un coche estructuralmente sencillo, pero al mismo tiempo plagado de tecnología, compacto en tamaño y repleto de espacio. Un coche para el día a día que no renuncia del todo a lo que debería ser un BMW. Pero queda claro que sí se han hecho muchas concesiones.

Puedo comprender, por un lado, a quienes puedan sentir cierta decepción al contemplar un BMW sin aspiraciones deportivas ni propulsión trasera. Pero también comprendo, por otro, a quienes no quieren renunciar a su marca de preferencia sólo por necesitar un coche versátil. Y puestos a comprender, tampoco veo qué daño puede hacer la estrategia seguida por la fábrica de Múnich, que ha elegido crecer sin destruir lo construido, buscar nuevos mercados y asegurar su viabilidad a largo plazo.

Así que, fans de BMW: si la aparición del Active Tourer os duele, pensad que las ventas de modelos como éste permitirán que vuestra marca favorita siga diseñando coches de ensueño. Y si eso aún no os convence, recordad: ¿qué hubiese sido de Porsche de no haber lanzado el Cayenne a tiempo? 

Además de en la web, tenéis todas nuestras videopruebas en el canal de coches.net en Youtube. ¿Todavía no os habéis suscrito?

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