Audi A5 S line 2.0 TDI 190 CV S tronic

11 de enero 2018

Pruebas
Juan Carlos Grande

Juan Carlos Grande

Maria Pujol

Después de haberos presentado en vídeo la segunda generación del Audi A5 en compañía de sus variantes S5 y RS 5, en este artículo os traemos nuestra prueba de la versión 2.0 TDI de 190 CV S tronic, vestida con la edición S line. Este conjunto de motor diésel y cambio automático destacan el lado más “rutero” de este cupé de orientación deportiva.

El Audi A5 Coupé ha sido completamente renovado sin perder su esencia.
Desde su lanzamiento inicial allá por 2007, el Audi A5 Coupé siempre me pareció el más atractivo entre los de su clase. Líneas elegantes y al mismo tiempo sencillas, silueta sugerente, frontal agresivo… lo tenía todo para enamorar hasta al cliente más pragmático. Pero los años pasaron volando, y con ellos la frescura de su imagen, aunque fue capaz de sobrevivir durante casi una década en el mercado. No fue hasta mediados de 2016 cuando cayó el velo de la segunda generación, ampliamente evolucionada pero con pleno respeto al concepto original. Sin duda, en Ingolstadt pensaron que asumir grandes riesgos estéticos podría desviar potenciales clientes hacia los BMW Serie 4 y Mercedes-Benz Clase C Coupé.

En coches.net ya os lo hemos contado todo sobre el nuevo Audi A5 Coupé: mi compañero Gerard Farré nos lo presentó en vídeo centrándose en el deportivo S5; y más adelante, repitió experiencia pero con la versión extrema RS 5. Así pues, pasaré de puntillas por las características generales para centrarme en repasar a las principales cualidades de la unidad que hoy probamos, con motor 2.0 TDI de 190 CV y cambio automático s tronic de 7 velocidades.

El mismo espíritu en un nuevo cuerpo

Silueta alargada y líneas angulosas definen el diseño exterior del modelo actual.
Aunque pueda parecer lo contrario, el A5 Coupé de segunda generación es un modelo  totalmente rediseñado. Cierto es que conserva las claves de su línea exterior (morro alargado, amplia batalla y voladizos cortos) y casi copia las medidas del modelo precedente (apenas cambian por ampliar la longitud total en 4 cm, de los que 1,3 cm corresponden a la distancia entre ejes), pero el chasis ha sido desarrollado casi desde cero, el peso total del vehículo se rebaja hasta en 60 kg y el coeficiente aerodinámico mejora hasta marcar un valor de 0,25. Todos estos cambios ayudan a potenciar la agilidad general de un coche que, versiones S y RS aparte, continúa apostando más por la calidad de rodadura que por las emociones fuertes.

El puesto de conducción es muy similar al del Audi A4: sencillo, elegante y bien organizado.
El puesto de conducción, del que ya hemos hablado en otras ocasiones, se asemeja bastante al del A4; y como aquel, presenta un aspecto sencillo pero elegante. No es ninguna novedad que los materiales elegidos sean de gran calidad y tacto cuidado, pero sí lo son en el A5 el cuadro de instrumentos Audi virtual cockpit y la pantalla central de hasta 8,2”, que ha dejado de ser escamoteable y permanece fija sobre el salpicadero. Los asientos son realmente cómodos -más aún los que trae consigo el pack S line, que además pueden incluir regulación eléctrica y reglaje lumbar- y cuentan con un práctico mecanismo para acercarnos el cinturón. En cambio, sigue sin convencerme ese volante achatado en su parte inferior, aunque podemos elegir uno completamente redondo. Entre otras opciones, nuestro coche equipa un cargador inalámbrico Qi bajo el reposabrazos y un espléndido equipo de audio firmado por Bang & Olufsen.

Las dos plazas traseras son algo más amplias que en el modelo anterior, pero siguen fallando por su escasa altura libre.
El ligero incremento de distancia entre ejes ha favorecido la habitabilidad de la fila posterior, homologada para albergar a dos personas adultas… pero no muy altas. Quienes midan más allá de mis 178 cm de estatura podrán rozar con la cabeza en el techo, cuyo lateral queda cerca cerca de la sien. Aparte de eso, el espacio para las rodillas es bueno y no falta anchura para los hombros, ni mucho menos para los codos. Incluso podremos disfrutar de una tercera zona de climatización con regulador de temperatura, además de un reposabrazos central y un portabebidas para cada plaza; pero se echa en falta algún hueco de buen tamaño donde dejar objetos.

La portezuela del maletero y su escasa altura interior lo limitan claramente.
También ha crecido en 15 litros la capacidad del maletero, que ahora ofrece 465 litros con los asientos traseros en uso. El espacio interior es amplio y profundo, pero se ve perjudicado inevitablemente por el hecho de contar con una tapa y no un portón. Los ingenieros de la casa han hecho lo posible por ampliar la boca de carga, pero tampoco hay mucho más que hacer al respecto -si esta característica es un problema, para eso está el A5 Sportback-. En el lado positivo, el maletero presenta un aspecto muy cuidado y detalles prácticos como unos tiradores para plegar los respaldos, espacios separados a cada extremo, ganchos para colgar bolsas e incluso una red de fijación. Bajo el piso se ubica una rueda de repuesto de tamaño reducido.

El equipamiento de seguridad activa puede ser bastante amplio: asistente de mantenimiento de carril, control de crucero adaptativo con función de parada, asistente de circulación en atascos, ayuda al aparcamiento, control de tráfico trasero, reconocimiento de señales, prevención de colisiones, asistente predictivo de eficiencia de consumo… Al nuevo A5 no le falta casi de nada, aunque no todo es de serie. Sí son de serie los faros de xenón; pero creo que merece la pena hacer un esfuerzo por incluir el sistema de iluminación adaptativa Matrix LED, que hace un gran trabajo a la hora de iluminar toda superficie posible sin deslumbrar a otros usuarios de la vía. En cambio, las luces de intermitencia dinámicas sirven para poco más que impresionar a los amigos.

Un cupé deportivo… para viajar

Las cualidades de su motor 2.0 TDI de 190 CV lo hacen ideal para largos recorridos.
En esta ocasión nos ponemos al volante de la que podría considerarse como la versión diésel más equilibrada. El motor 2.0 TDI de 190 CV presenta cualidades ideales para quien desee disfrutar de la faceta más viajera del cupé alemán. Vaya por delante que el hecho de adquirir un coche emocional como el A5 y ponerle un motor diésel parece contradictorio; pero cuando hay oferta, existe demand. En todo caso, su nivel de rendimiento y consumos justificarán su compra por parte de quienes no sientan aversión por el gasóleo.

Este propulsor turboalimentado de cuatro cilindros destaca ante todo por su agrado de uso. Ni muy ruidoso ni muy áspero, cuenta con un rango útil bastante aprovechable y tampoco le falta patada. En este sentido, su cifra de par máximo es muy significativa (400 Nm) y llega a sólo 1.750 rpm, manteniéndose intacta hasta las 3.000 rpm. A partir de ahí, el declive se hace notorio, de forma que podremos disfrutar de todo su empuje sin necesidad de estirarlo de vueltas. Tampoco desmerece su capacidad de aceleración, si bien los 190 CV no parecen ser tantos.

La caja automática S tronic de 7 velocidades forma buen equipo con el motor diésel.
Se encarga de gestionar el motor una caja de cambios automática S tronic de 7 relaciones de nueva generación (también podemos elegir una manual de 6 marchas). Las cajas de doble embrague del grupo Volkswagen siempre han sido buenas encadenando marchas en subida, pero nunca terminaron de convencerme en una conducción dinámica porque les notaba cierta dificultad al bajar relaciones y, en modo automático, algún que otro desacierto en la toma de decisiones. Es más, tampoco me agradaba su tendencia a llevar el motor casi muerto en el modo D. En cambio, sí me ha gustado el nuevo modelo, mucho más “fino”, preciso y equilibrado; de manera que ya no me he sentido “invitado” a recurrir al modo S o, directamente al modo manual. Si usamos este último, podremos controlar el cambio de forma secuencial haciendo uso de la propia palanca o de las mediante las levas situadas tras el volante. Su única pega, para mi gusto, es que son muy pequeñas y obligan a llevar siempre las manos “a las tres menos cuarto”.

No es exactamente un deportivo, pero se disfruta conduciéndolo durante horas.
Con esta sociedad de motor y cambio, el Audi A5 anuncia un consumo de sólo 4,3 l/100 km. En uso real y una vez completada nuestra prueba hemos obtenido un promedio de 6,3 l/100 km, valor como siempre distante del homologado pero bastante bueno para un cupé diésel automático de estas dimensiones.

Por lo demás, el Audi A5 es un coche razonablemente deportivo pero no un coche realmente deportivo. Eso no significa que no vayamos a disfrutarlo en carreteras de montaña;pero sí es más proclive a recompensar la finura en la conducción. Siempre gira muy plano y acepta muy bien los cambios de apoyo, pero brilla más cuanto más suavidad apliquemos sobre el volante. Y hablando del volante: la dirección eléctrica me parece demasiado asistida por defecto, aunque gracias al selector de modos de conducción podremos endurecerla y ganar sensaciones. De todas maneras, su fortaleza está más en la precisión que en el tacto.

El equipo opcional de suspensiones ajustables lo hace más versátil.
Si nuestro A5 equipa suspensiones activas, como es el caso, Audi drive select puede actuar sobre su respuesta. El modo confort es el más adecuado para el uso en autopista, donde hace buen equipo con la fina aerodinámica y el estupendo aislamiento acústico del habitáculo. En el extremo opuesto, el ajuste dynamic endurece notablemente la amortiguación para permitirnos sentir mejor la carretera pero sin llegar a incomodar a los ocupantes del vehículo. Si buscáis dureza, tal vez estéis buscando un S5 o RS 5.

Lo que sí es el A5 TDI de 190 CV automático es un estupendo automóvil para viajar, especialmente en pareja -insisto: el A5 Sportback y sus 5 puertas están para algo-. Marca casi todos los checks que podemos exigirle: agilidad, silencio, confort, finura, calidad de construcción, acabados y posibilidades de equipamiento; todo ello con la presencia y elegancia de una bonita carrocería cupé. Pero lo bueno hay que pagarlo.

Alta calidad a un alto precio

El Audi A5 Coupé es un modelo costoso pero de gran calidad, claramente dirigido a quienes valoren su diseño por encima de todo.
Hablando de equipamiento y precios. Las marcas alemanas tienen la mala costumbre de ofrecer muchas opciones y mucho sobrecoste; y el A5 no es del todo una excepción. Sí son de serie en el modelo básico las llantas de aleación de 17”, faros de xenón, luces diurnas y ópticas traseras LED, climatizador automático, arranque sin llave, Audi drive select, sensores de luz y lluvia, limitador de velocidad, freno de estacionamiento eléctrico y equipo de audio con Bluetooth, 8 altavoces y pantalla central de 7”. Además de su estética deportiva, la edición S line suma los faros LED, llantas de 18”, retrovisores calefactables y plegables, asientos deportivos, retrovisor antideslumbrante, asistente de aparcamiento y control de velocidad. Así, el Audi A5 Coupé S line 2.0 TDI 190 CV S tronic tiene un precio de 50.420 euros, que no es poco.

Nuestra unidad añade bastantes extras, como el paquete deportivo S line (con el paquete deportivo S line (que por 1.470 € trae llantas de 19” con neumáticos 255/35 y asientos deportivos en tela y cuero), pintura metalizada (1.060 €), suspensión adaptativa (1.150 €), ajuste eléctrico (900 €) con ajuste lumbar y masaje (575 €), virtual cockpit (295 €), climatizador de 3 zonas (820 €), equipo de sonido Bang & Olufsen (1.340 €) retrovisores calefactables y plegables (140 €), faros Matrix LED (835 €), MMI navegación plus (1.550 €), volante achatado (135 €), reposapiés en acero inoxidable (186 €). En total, 60.876 euros para esta versión tan equipada.

Opinión del experto

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