Opel Crossland X 1.2 T 130 CV Ultimate: Estilo y funcionalidad

22 de diciembre 2017

Pruebas
Jaume Gustems Casado

Jaume Gustems Casado

Asensi Carricondo

De la misma manera que Renault ha hecho con el Scénic o Peugeot con el 3008, Opel también ha optado por derivar uno de sus icónicos monovolúmenes hacia un estilo más SUV. En el caso de la marca alemana la operación no ha sido un cambio de “look” sino algo más drástico: la desaparición del Opel Meriva y su sustitución por un modelo nuevo, el Opel Crossland X. 

El Opel Crossland X mezcla aspectos y estética de un monovolumen como el Meriva y de un SUV como el Mokka X.
Está claro que los monovolúmenes hace décadas que van de capa caída, a favor de los populares todocaminos, crossovers o Sport Utility Vehicles. Y eso es algo que afecta a todos los segmentos del mercado, tambien en el de los coches de poco más de cuatro metros de longitud, el llamado segmento B. 

El Opel Crossland X es, por lo tanto, un nuevo competidor en el nutrido grupo que forman el Nissan Juke, Peugeot 2008, Renault Captur, Fiat 500X, Mazda CX-3 (aquí tienes un comparativo con todos ellos) y los recién llegados Seat Arona, Hyundai Kona y Kia Stonic. También entra en competencia en su propia casa, ya que Opel comercializa con éxito el Mokka X, un SUV también de tamaño compacto. Pero el Crossland X tiene un estilo más urbanita, más enfocado a un uso en carretera, al no contar con tracción integral ni una altura libre al suelo tan generosa. Su cadena cinemática es más simple, con motores menos potentes. Y esto se nota en la tarifa de precios, que se sitúa un punto por debajo al de su hermano de gama. El Crossland X se dirige a un público algo diferente al del Mokka X, ya que éste ofrece algo más de prestaciones dentro y fuera de la carretera. 

El tamaño compacto de este crossover lo hace ideal para un uso en ciudad, aunque también resulta cómodo en largos desplazamientos por carretera.
Hecha esta puntualización, que estoy seguro que muchos clientes que se acerquen a un concesionario Opel plantearán al comercial de la marca, también es cierto que el Crossland X tiene en general un aire más desenfadado, original, en su estética. Quizás las formas de este Opel no convencerán a algunos, ya que se salen de lo conocido.

¿Es un monovolumen? ¿Es un todocamino?. Su diseño se percibe ambiguo, una sensación no sé hasta qué punto provocada, ya que da la sensación de que a la hora de plasmar su estética en una hoja en blanco se partió de un monovolumen y acabaron mezclándose aspectos de SUV quizás espoleado por la creciente tendencia de mercado. Es decir, parece como si a última hora se hubiese planteado un rediseño para hacer de ese monovolumen compacto un coche con aspecto de todocamino. 

El Opel Crossland X puede pedirse con carrocería bitono, con el techo en color negro, gris, o blanco.
Este aspecto SUV se logra con los detalles habituales: paragolpes con protecciones, marcados pasos de rueda o las barras de techo, en este modelo muy disimuladas e integradas. Pero a la vez mantiene algunos rasgos de monovolumen, como la fuerte inclinación del parabrisas, casi en la línea del capó, la buena altura de la carrocería y el gran portón trasero en posición muy vertical. 

La mezcla convencerá o no, pero como mínimo es original y se desmarca de lo visto en el segmento. Uno de los rasgos característicos de este Opel es el techo de “aspecto flotante”, que puede ir pintado en color diferente al de la carrocería, como podéis ver en las fotos. Opel ofrece pintar este techo en color negro, gris o blanco, a combinar con otros 9 colores diferentes para el exterior.

Buena habitabilidad


Aunque sólo tiene tres cilindros, este motor de gasolina 1.2 turbo ofrece una buena potencia. No obstante, le falta algo de empuje inicial.
La combinación azul-blanco me parece de lo más acertada, ya que da un aire muy desenfadado a este coche, un poco al estilo de un Opel Adam. Los 4,21 metros de longitud del Crossland X permiten un uso en familia o amigos, ya que el espacio interior es bueno. En las plazas delanteras la sensación de amplitud es más que correcta teniendo en cuenta la compacidad del modelo.

La postura al volante es muy elevada, muy de todocamino, y por lo tanto, la visibilidad se ve beneficiada. Hay mucha superficie acristalada, y puede ser todavía más si optamos por el techo solar panorámico. Hay mucha luz en el interior, y una buena visibilidad hacia todo el entorno. Esto es algo importante cuando se circula por ciudad, pero también cuando se trata de desplazarse por carretera acompañado de niños o amigos. Muestra una cierta filosofía de coche familiar. 

La posición de conducción es elevada, propia de un todocamino. El cuadro de instrumentos y el diseño en general del salpicadero recuerda al de otros modelos de Opel.
El salpicadero es muy parecido al de un Opel Astra, con una disposición muy lógica en general de todos sus elementos, excepto el mando de luces de tipo dial, situado a mano izquierda del volante en una posición bastante apartada. Además, el marcaje de la posición de las luces no es del todo claro, desde mi punto de vista. Tuve que reconfirmar la conexión del modo Auto en varias ocasiones, apartando un instante, inevitablemente, la vista de la carretera. No obstante, el resto de información se lee de forma rápida, tanto la que proviene de los relojes analógicos tipo “moto” del cuadro de instrumentos, como la de las dos pantallas digitales. Una de ellas está entre los relojes y hace de ordenador de a bordo, y la otra en posición central en el salpicadero.

En este acabado Ultimate, esta pantalla digital es táctil y de 8 pulgadas. Corresponde al sistema de información y entretenimiento tope de gama, el Navi 5.0 IntelliLink, ahora con integración de Apple Car Play y Android Auto. Si se contrata, el usuario puede servirse del asistente personal y de servicio Opel Onstar, con punto de acceso W-i-Fi 4G/LTE y servicios como la asistencia automática en caso de accidente.

El sistema con pantalla digital de 8 pulgadas ofrece un buen nivel de conectividad y compatibilidad con smartphones Android y Apple.
Debajo de esta pantalla están los mandos de acceso directo a los menús, muy útiles. Debajo de este bloque se sitúan los mandos del climatizador, y un poco más abajo las conexiones de 12V y USB-Aux. Como veis, la conectividad es uno de los puntos fuertes de este Opel, como también lo es todo el equipamiento que trae de serie en este acabado superior. 

La lista es interminable: retrovisores eléctricos, asientos con regulación de longitud de banqueta, apoyabrazos delantero y guantera con cortinilla, luces de ambiente en las puertas, entrada y arranque sin llave, cargador inalámbrico o asientos con regulación manual pero con calefacción y regulación de longitud de banqueta. También monta un head-up display, una opción difícil de ver en este segmento, y que en este acabado viene de serie. 

Hemos probado la versión gasolina con cambio manual de seis velocidades.
En las plazas traseras también hay un buen espacio, aunque los asientos podrían ser algo más ergonómicos. Los respaldos son muy rectos, especialmente el central que, curiosamente, no sirve de apoyabrazos. 

Y respecto al maletero, los 410 litros de capacidad que comunica Opel lo sitúan entre lo mejor del segmento. Es la misma capacidad de maletero que la de un Peugeot 2008 y un Citroën C3 Aircross, superior al la del maletero del Seat Arona (400 l.) el Nissan Juke (354 l.), el Hyundai Kona (361 l.) y el Kia Stonic (332 l.), aunque superada por el maletero del Renault Captur (455 l.), por citar algunos ejemplos. 

Además, es un maletero con formas muy cuadradas, muy aprovechable, con un doble piso cubierto por una robusta bandeja, en el que podemos colocar pequeños objetos. Sólo es criticable la dificultad para extraer la bandeja cubremaletero, un aspecto que lamentablemente en algunos coches no se cuida lo que debería. 

3 cilindros


En las plazas traseras hay buen espacio, aunque el diseño de los asientos podría ser algo más ergonómico. Tampoco hay reposabrazos central.
La gama de motores para el Crossland X la forman un gasolina 1.2 Turbo y un 1.6 diésel, también turbo, con diferentes niveles de potencia. En gasolina se vende con 81, 110 y 130 CV. En diésel con 99 o 120 CV. Opel nos ha dejado un Crossland X con el motor de gasolina más potente, unido a un cambio manual de 6 velocidades.

Este motor 1.2 T de 130 CV es el mismo que se monta en el Opel Grandland X yse muestra más que suficiente para las aptitudes y capacidades del Crossland X. Tiene poca cilindrada y solo tres cilindros, que se ayudan del Turbo para ofrecer esa potencia.

Como suele ocurrir en estos motores tan “apretados” el empuje a bajas vueltas no es su punto fuerte, aunque a cambio aporta una buena reactividad a partir de 1.750 r.p.m.  Sus escasos 1.200 cc. hacen posible que el consumo medio sea contenido. Opel declara para esta versión un consumo combinado de 5 l/100 km, aunque en esta prueba marcó un consumo medio “real” de 6,5 l/100km., con bastante trayecto de ciudad. En la urbe, un escenario bastante propicio para un SUV como éste, lo habitual es ver en el ordenador de a bordo un consumo de 7 l/100km. 

El maletero de este crossover es de los mejores del segmento: 410 litros.
No me gustó el tacto del cambio manual de seis velocidades, bastante duro y poco refinado, especialmente a la hora de encajar la marcha atrás. Quizás faltaba algo de rodaje, pero en cualquier caso creo que es un punto mejorable. 

Viajando en vacío las suspensiones tienen una reacción bastante seca, sin llegar a transmitir incomodidad a los pasajeros. Sujetan bastante bien la carrocería en los apoyos en las curvas, y limitan los típicos balanceos.  Esto facilita el guiado del coche y el confort en marcha, que son correctos. Es un SUV con una clara tendencia a subvirar si se fuerza la entrada en la curva, pero si se practica una conducción tranquila el guiado es agradable y las reacciones nobles.

Las versiones más completas de este crossover montan faros LED con luz de curva, asistentes de luces largas y mantenimiento automático de nivelación.
En carretera es un SUV que cumple correctamente, pero olvidémonos de sacarlo del asfalto. No es un todocamino en el sentido estricto del término, ya que no tiene tracción integral. Su enfoque no es el de un SUV para uso en caminos forestales, aunque su apariencia puede hacer pensar lo contrario. Está diseñado para ser utilizado en asfalto, y fuera de él responde como cualquier otro turismo convencional. 

El Opel Crossland X se desmarca estéticamente de sus más directos rivales. No deja indiferente.
Por 25.192 € tenéis una unidad de Crossland X con el acabado tope de gama que veis en las fotos. Tiene una tarifa un poco superior a la del Opel Meriva que sustituye, pero a cambio ofrece un equipamiento más actual y sobre todo, muy completo. Y es un precio competitivo comparado con la tarifa de la mayoría de sus competidores, cuyas equivalentes tope de gama superan ligeramente esta cifra. Eso sí, algunas de ellas se ofrecen con cambio automático, una opción no disponible con este motor de gasolina de 130 CV, sólo en el de 110 CV. Conviene tenerlo en cuenta. 

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