España off-road en Isuzu D-Max. Por la provincia de Toledo

2 de julio 2018

Actualidad
Miguel Angel Fernández

Miguel Angel Fernández

Miguel Ángel Fernández

Situada en pleno corazón de España y lugar de paso para el río Tajo, la provincia de Toledo es una de las más importantes de Castilla - La Mancha.

La ruta de hoy nos llevaría entre castillos

Su capital, de hecho, es reconocida por haber sido en épocas anteriores un exponente de la convivencia entre las tres culturas religiosas imperantes: el islam, el cristianismo y el judaismo y fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 

Además de en la capital, en la provincia abundan los lugares monumentales, como Talavera de la Reina, con Santa María la Mayor; Ocaña, con el teatro Lope de Vega; La Puebla de Montalbán, con el Palacio de la Duquesa de Osuna; Escalona, con su conocido castillo medieval o Guadamur, con su palacio, entre otros muchos lugares y monumentos.

La provincia de Toledo cuenta con innumerables atractivos

Unir alguno de esos destacados lugares con los que cuenta la provincia, y hacerlo por pistas, tal y como llevamos haciendo a lo largo del último año con la Isuzu D-Max, era nuestro objetivo de hoy, recorriendo para ello, interesantes partes de dos de sus comarcas: La Mesa de Ocaña y Los Montes de Toledo.

Nuestro track comenzaría en Yepes, situado en una inmensa llanura que se pierde en el horizonte interrumpida solo por aislados oteros, que desciende suavemente desde el este (860 m), al oeste (570 m), sobre la plataforma estructural de la Mesa de Ocaña, situada entre amplias llanuras de La Mancha y el Valle del Tajo.

Catalogada como conjunto histórico-artístico, la Muy Leal Villa de Yepes tiene la primera presencia humana documentada en un poblado celtibérico fundado hacia el 600 a. C.

Delante del Ayuntamiento de Yepes. Aprovecho la ocasión para agradecer las facilidades dadas y la amabilidad de la Policia Local de la población

Yepes fue siempre, por privilegio real, gobernada por el Estado Llano, y en su concejo los hidalgos no tuvieron parte. Debido a su pujanza socioeconómica durante los siglos XVI y XVII hará que reciba el apelativo de Toledillo.

Entre los muros de su Palacio Arzobispal (palacio de Alfonso Carrillo de Acuña, arzobispo de Toledo), se falsificó la bula papal que permitió el matrimonio entre los Reyes Católicos; y son naturales de la villa o están vinculados a ella importantes figuras de las artes y la literatura, como San Juan de la Cruz, Fray Diego de Yepes (confesor de Felipe II, Felipe III y santa Teresa de Jesús), Luis Tristán (discípulo del Greco), o Calderón de la Barca, a quien esta villa encargó en 1637 el auto sacramental "El mágico prodigioso", para representar la obra el día del Corpus Christi.

Palacio Arzobispal, en Yepes

Fruto de su larga e intensa historia, pasear por las calles de Yepes llenará, nada más empezar nuestra ruta, de una larga colección de imágenes proporcionadas por sus interesantes edificios y monumentos, como su Plaza Mayor, que en sus orígenes fue una plaza gótica de planta triangular, formada por la Colegiata de San Benito y el Palacio Arzobispal en sus lados, y edificio administrativo en la base.

La Colegiata de San Benito Abad, conocida como "La Catedral de la Mancha", fue trazada por Alonso de Covarrubias (maestro de obras de la catedral de Toledo) entre 1534 y 1570 o La Muralla, de la que se conservan restos de los dos recintos amurallados que tuvo la villa en época medieval.

La Colegiata de San Benito Abad, conocida como "La Catedral de la Mancha"

Ya en el siglo XIV se crea la estructura urbana definitiva y se levanta el segundo recinto amurallado que estaba compuesto de cinco puertas, que por orden de construcción fueron La Puerta de Ocaña, que tiene una hornacina de madera con una talla de San Cristóbal; La Puerta de Madrid, con un cuadro de San Miguel, y punto más alto del recinto; La Puerta de Toledo, situada al lado del Convento de San José y San Ildefonso, con un altar a la Virgen del Carmen; La Puerta Nueva, conocida como "de la lechuguina" porque mira hacia las huertas del valle; y La Puerta del Hondón, la única puerta desaparecida, miraba hacia el valle y a finales del siglo XIX existen testimonios de que todavía seguía en pie.

De las cinco puertas que llego a tener Yepes, cuatro se conservan

Conventos, monasterios, ermitas, antiguos hospitales, fuentes, casas solariegas... nos mostrarán una población cargada de pasajes históricos.

De Yepes saldremos dirección oeste cogiendo ya las primeras pistas, que pasando junto al circuito de MX del pueblo, nos irán aproximando hacia la población de Villasequilla. 

Los primeros campos de olivos empezarán a adornar el paisaje, recordándonos que nos encontramos en La Mancha, la región vitivinícola más extensa del mundo.

Campos de olivos nos acompañarán a lo largo de toda nuestra ruta

Por sencillas y tranquilas pistas llegamos hasta la estación de tren de Villasequilla, que antes se llamó Villaseca de Valdecarábanos y después "Villasequilla de Yepes", por la dependencia que le unió a este pueblo durante un periodo de casi trescientos años. A finales del siglo XX se perdió el término "de Yepes", pasando a ser denominada únicamente Villasequilla.

Ayuntamiento de Villasequilla

Sus orígenes hay que buscarlos en las alquerías de "Artal" y "La Mezquita". Se unen ambos pueblos y ya en 1154 se ve citada como "Villaseca en Valdecarábanos", en aquellos tiempos, estas alquerías de Melgar, Mezquita, Artal y Villasequilla están pobladas por castellanos, mozárabes y mudéjares.

Entre sus monumentos nos encontraremos con la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, situada en la Plaza Mayor, donde también se encuentra su Ayuntamiento. La Casa de la Cultura y Teatro, la Casa de Soria (Ruinas y Cueva), el Asentamiento de la Virgen del Melgar y la ya nombrada Estación de tren componen el resto de sus monumentos más destacados.

Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, en la Plaza Mayor de Villasequilla

Saldremos de Villasequilla tras haber tomado un café en "El Casino", bar situado en la Plaza Mayor y donde Luis, su propietario, nos atendió magníficamente, por las pistas que, en dirección sur, nos habrían de llevar hasta Villamuelas.

Casi a orillas del río Algodor, afluente del Tajo, y del embalse de El Castro, en la comarca de La Mesa de Ocaña, Villamuelas se asienta en tierra de viñedos y olivos.

Tierra de viñedos y olivos

Callejeando por sus tranquilas calles llegaremos a su iglesia, que cuenta con tres siglos de historia. Fue construida por las aportaciones de los habitantes del pueblo que colaboraron también en su construcción. A continuación nos dirigiremos hacia La Presa de El Castro, más conocida como Pantano de Villamuelas.

Iglesia Santa María Magdalena, en Villamuelas

El río Algodor nace en la Laguna del Navajo a 822 m. de altitud, en el término municipal de Retuerta del Bullaque (Ciudad Real). Tiene un recorrido total de 102 Km. hasta llegar al río Tajo, y sus aguas son embalsadas en dos ocasiones, primero en el Embalse de Finisterre y finalmente en el de El Castro, junto a Villamuelas, cuya presa fue construida en el año 1974.

Presa de El Castro, también conocida como Pantano de Villamuelas

Es un embalse pequeño, donde los aficionados a la pesca pueden encontrar Carpa Royal, Carpa Común, Carpin, Black-Bass, Perca sol y donde las pistas que lo rodean, cada vez más, surcadas por campos de olivos, nos irán acercando a Almonacid de Toledo, cuyo castillo empezamos a vislumbrar desde la distancia mucho antes de llegar a su casco urbano.

Castillo de Almonacid de Toledo en la distancia

En varias ocasiones Almonacid de Toledo pasaría de unas manos a otras. En 1086, el rey Alfonso VI dio esta villa a la iglesia de Toledo. Un siglo más tarde, en 1132, Alfonso VII la donaría al Conde Pons de Cabrera. En 1176, Alfonso VIII, se lo daría a la Orden de Calatrava.

En la guerra de la Independencia, sería famosa por la batalla de Almonacid, en la que el mariscal Sebastiani, reforzado con la llegada del rey José, consiguió que las tropas españolas se retiraran hacia el Guadiana. En la batalla perecieron cerca de 4000 españoles y 2000 franceses. En el Arco de Triunfo de París aparece el nombre de Almonacid como recuerdo de esta victoria...

Ascendiendo hacia el castillo

Antes de introducirnos en su interior, accedimos a su castillo por una de las pistas que acceden a él, lo que nos permitirá tener unas estupendas vistas, tanto de la población como del resto de la comarca.

El Castillo "Almenas del Cid" es el monumento principal del municipio, probablemente de origen árabe, hasta casi finales del siglo XVIII sería propiedad del arzobispado de Toledo. Según cuenta la tradición, el castillo sería conquistado por el Cid Campeador en los tiempos del reinado de Alfonso VI, pasándose a llamar Almenas del Cid, nombre que se transformaría en Almonacid y que daría nombre a la población.

Vista de Almonacid y de buena parte de la comarca

Tras visitar el castillo, bajamos, ahora sí, a recorrer las calles del pueblo y fotografiar algunos de los monumentos que desde la perspectiva que nos ofrecía el castillo, habíamos visto desde la distancia, como la Ermita de Nuestra Señora de la Oliva, la Iglesia Parroquial de "San Antonio Abad" o el Hospital García Escalona del siglo XVII.

Hospital García Escalona, en Almonacid

De Almonacid partimos hacia la población de Mascaraque por un camino en el que vimos corretear por sus campos algunas perdices y en el que, volviendo la vista, pudimos disfrutar de las diferentes estampas que nos brindaba el recién visitado castillo, cada vez más pequeño en el horizonte.

Camino de Mascaraque dejando a nuestra espalda el castillo "Almenas del Cid"

Durante la invasión por las fuerzas de Basilio (1837-1838), Mascaraque fue la única población de la zona que se negó a dar los suministros solicitados por este jefe carlista, por lo que el Gobierno les autorizó a que en el escudo de armas de la villa apareciera el lema "NO TEMIERON".

El origen de Mascaraque se remonta a los tiempos de la dominación árabe, época en que se construyó el castillo en el siglo XIV, que posteriormente pasaría a ser la Casa Fuerte-Palacio de Juan de Padilla (1518). Es en esta época cuando la localidad adquirió la categoría de Villa que la diferenciaba de las aldeas próximas.

Casa Fuerte-Palacio de Juan de Padilla, en Mascaraque

Pegada al castillo, destaca la Iglesia de Santa María Magdalena, edificación barroca del siglo XVIII. también entre sus calles podremos disfrutar de la vista de la Ermita de Los Cristos, sede del museo del pintor local Juan Correa de Vivar.

Ermita de Los Cristos, sede del museo del pintor local Juan Correa de Vivar

Acercándonos ya, al final de nuestro recorrido, alcanzamos la población de Mora, cuyas primeras noticias históricas se refieren a su castillo (Castillo de Peñas Negras), situado sobre una sierra a 3 km al este de la localidad, que se rebeló contra Abderramán III y fue dominado personalmente por el propio califa en el año 927, siendo una fortaleza fronteriza de relativa importancia estratégica durante la Reconquista.

Castillo de Peñas Negras, actualmente en rehabilitación

Entre las calles del pueblo destaca el Ayuntamiento, edificio singular de estilo neomudéjar, con adornos semitas en sus ventanas; y la Iglesia de Nuestra Señora de Altagracia, reconstruida en el siglo XVI tras los sucesos de 1521 durante la Guerra de las Comunidades.

También el edificio de Los Sueltos, de estilo barroco y declarado bien de interés cultural, la Ermita de Nuestra Señora de la Antigua o La Almazara de la Encomienda, hoy día museo etnológico.

Sorprendente el edificio neomudéjar del Ayuntamiento de Mora

Terminada nuestra ruta, era hora de darle descanso al cuerpo y paz al alma, y puesto que no se puede tener paz con el estómago vacío, recordamos un hecho histórico que, no nos engañemos, nos venía de perillas, y es que no por casualidad, fue en Toledo donde se publicó el primer tratado de cocina en lengua castellana, el Libro de Guisados de Ruperto de Nola, en 1529, coincidiendo con la estancia en la ciudad del emperador Carlos V.

Y es que la gastronomía toledana se sustenta en platos sabrosos e intensos, elaborados por lo general con elementos humildes: puchero y cocido, gachas, migas, pote, pisto, legumbres, hortalizas, guisos de caza menor, escabeches, quesos, perdiz estofada, cordero o carnero, pichones asados, ciervo, mazapán, dulces conventuales...

Perdiz estofada, uno de los platos típicos de la provincia

A lo anterior, hay que añadirle forzosamente la realidad de que en la provincia de Toledo son cinco las D.O. de sus vinos: Vino de la Tierra de Castilla, Vino de Uclés, Vino de Méntrida, Vino de La Mancha y Vinos de Pago, lo que nos llevaría a regar convenientemente los manjares de los que dispusimos en la venta elegida.

Un mar de viñas y olivos pueblan los campos de la provincia

La sobremesa, nos llevaría a hacer memoria del año en que la Isuzu D-Max nos ha acompañado fielmente, sin rechistar, superando con soltura los, en ocasiones, duros pasos a la que la hemos sometido, para completar estas 12 rutas por 12 provincias españolas que os hemos ofrecido y que, esperamos, hayan sido de vuestro agrado. Va por ustedes.

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