Mercedes-Benz AMG GT C Roadster

13 de febrero 2018

Pruebas
Luis Miguel Reyes

Luis Miguel Reyes

Asensi Carricondo

¿Os ha pasado alguna vez que al pasar por delante de un escaparate de una joyería -de repente sin saber muy bien por qué- habéis dado un paso hacia atrás y os habéis quedado mirando fijamente una joya en concreto que apenas habíais visto? Seguro que sí. Pues eso es lo que me ocurrió cuando vi por primera vez el Mercedes AMG GT C Roadster porque, estéticamente, es una pasada.

El AMG GT C Roadster es, además de potente y rápido, precioso. Es muy dífícil que no se giren cuando pasas.
Tiene una línea preciosa, elegante y, por supuesto, deportiva. Tiene todo lo que un roadster debe tener pero combinado de un modo exquisito. Un diseño superior en el que destaca el largo morro, una zaga muy ancha con los pasos de rueda “musculosos”, el habitáculo en posición bastante retrasada, la posición de conducción baja y, evidentemente, una capota de lona -que, por cierto, se abre y cierra en 11” y se puede accionar en marcha por debajo de los 50 km/h-. Este Mercedes es precioso pero no sólo la estética y la elegancia es lo más destacable de él. No nos podemos olvidar que dispone de 557 cv y un par máximo de 680 Nm. Ahí lo dejo.

Diseño y efectividad

Recibe la parrilla del GT R, con perfiles verticales y grandes entradas de aire.
Está claro que contra gustos no hay disputas, pero dudo de que haya alguien a quién no le guste este coche. Es cierto que se advierte claramente que pertenece a la familia AMG GT, pero la elegancia del Roadster es única. Se beneficia de las líneas del GT R -incorporando la parrilla de éste con perfiles verticales y lamas que se abren y cierran según la necesidad de refrigeración del motor- y dos grandes entradas de aire -aunque menores que en el R-. Visto de lado, se aprecia lo largo que es el morro y las bonitas líneas que te hacen dirigir la mirada hacia una zaga espectacular. La trasera también se beneficia de las bondades del GT R, como lo demuestra un tren trasero más ancho que el del GT, unas llantas de 20” con neumáticos de 305/30 -19” las delanteras con gomas 265/35- y la dirección activa del eje trasero de serie -que gira hasta 1,5 grados por debajo de 100 km/h- también presente en el GT R.

Bajo los pilotos traseros, dos salidas de aire marcan la línea musculosa de la zaga, dando paso a un difusor que alberga una salida de escape a cada lado. En el GT C Roadster se ha buscado un buen equilibrio entre peso y rigidez y, para ello, se han empleado materiales ligeros en la suspensión, un capó de magnesio y la tapa del maletero de materiales compuestos para reducir un peso que, por otra parte, aumenta con la incorporación de barras y platinas de refuerzo -en puertas, bajo el cuadro de instrumentos y tras los asientos- en pos de una mayor rigidez. A la postre, Mercedes ha conseguido una buena rigidez con un peso de 1.735 Kg -35 kg más que el coupé-.

Interior conocido

Aunque son opcionales, lo más destacable del interior son los asientos Performance con calefacción en el cuello.
El interior apenas presenta diferencias respecto al coupé, si nos olvidamos del espacio tras los asientos y de los mandos situados junto al retrovisor interior para abrir y cerrar la capota. Idéntica configuración de la ancha consola central con la palanca de cambio en “esa posición imposible”, un espacio porta bebidas, el mando del control de las funciones del navegador Comand Online con Live Trafic Information -con datos en tiempo real del tráfico y pantalla de 12,3”-, los botones desde los que podemos variar los modos de conducción, desconectar el control de estabilidad, variar la dureza de la suspensión, cambiar el sonido del escape, conectar el modo M del cambio, que no pasa automáticamente a una marcha superior cuando llega al régimen máximo -menos mal- y el botón de puesta en marcha.

Pero lo que más destacaría del interior del GT C Roadster son los asientos opcionales AMG Performance -3.543 €- que, por primera vez, están disponibles con el sistema de calefacción Airscarf a nivel del cuello, lo que hace que la conducción al aire libre sea agradable incluso a bajas temperaturas. La ventilación queda muy bien integrada en el reposacabezas del asiento y dispone de tres niveles de salida de aire.El espacio del maletero, con 165 litros, es independiente a la posición de la capota y, aunque no es mucho, es mayor que algunos de sus rivales, como es el caso del Porsche 911 Turbo Cabrio, que dispone de 110 litros. La posición de conducción es baja, y eso permite tener una buena altura al techo cuando se circula con capota, el espacio en el habitáculo es amplio para ser un coche de estas características y el confort general mayor de lo esperado.

Una “bestia” muy bella

El 4.0 V8 biturbo ofrece una potencia de 557 cv a 6.750 rpm y un par máximo de 680 Nm entre 1.900-5.500 rpm.
Si hablamos de belleza, el AMG GT C Roadster es protagonista indiscutible. Y si hablamos de potencia, de empuje, velocidad y fuerza, deberíamos decir que es “una “bestia” con un motor 4.0 V8 biturbo, que ofrece una potencia de 557 cv a 6.750 rpm y un par máximo de 680 Nm entre 1.900-5.500 rpm. Si a eso le añadimos que el propulsor va ligado a una caja de cambios AMG Speedshift DCT de 7 velocidades -con una primera más larga, la gestión electrónica adaptada a la mayor potencia del GT C y a un diferencial electrónico de deslizamiento limitado- es fácil imaginar las “alegrías” que te puede dar conducir este Mercedes. Es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 3,7” y de alcanzar una velocidad máxima de 316 km/h. A velocidad moderada y realizando una conducción suave, el consumo se mueve sobre los 12 litros.

Si aumentamos el ritmo, pasar de los 20 litros no es nada difícil. Ofrece todo lo necesario para disfrutar de él casi en cualquier circunstancia. Si optas por conducir en modo Comfort, el tacto general es bastante suave y cómodo. A cielo abierto, uno queda bien aislado del viento y el confort es alto. Con la capota cerrada, hay poca rumorosidad aunque “algo se oye” cuando aumentamos la velocidad, pero nada que llegue a molestar. Diría que el confort general es alto para un coche de este tipo y que es agradable viajar con él. Por el contrario, para el día a día es un coche incómodo.

La visibilidad es mala -especialmente la de los laterales traseros- pero con el techo abierto las limitaciones desaparecen.
La visibilidad es mala -especialmente la de los laterales traseros- el capó es muy largo y no se ve donde acaba, es demasiado ancho y bajo, es muy fácil tocar con el spoiler y gira poco.Dispone de varios modos de conducción -Comfort, Sport, Sport + Individual y Race-. Como es habitual, estos modos actúan sobre la respuesta inmediata del motor, la dirección, el cambio -más rápido-, la dureza de la suspensión y el sonido y petardeo del motor al soltar el acelerador. En Sport y Sport+ se activa la función “doble embrague” automático al reducir y los controles son menos intrusivos, permitiendo que la zaga deslice -si realizamos una conducción “al ataque”, pero con control final de la electrónica. Otra cosa es en modo Race. Ahí, nos abandonamos a la mano de Dios o, mejor dicho, a nuestro pie derecho…

Mejores sensaciones

El eje direccional trasero ayuda a que el coche gire mejor y aumenta la sensación de agilidad.
La verdad es que con el GT C Roadster he tenido mejores sensaciones que las que tuve con el coupé que probé en el comparativo que os ofrecimos de superdeportivos. Cierto que el GT S era la versión anterior, menos potente y sin algunas de las tecnologías de las que dispone este descapotable, pero creo que “hay algo más”. El Roadster me ha parecido más equilibrado y más ágil que aquél, pese a su mayor peso. Aunque en modo Comfort la suspensión es blanda y el morro “cabecea” en las frenadas si el asfalto no está en buen estado, la carrocería no balancea excesivamente pero, si queremos ir deprisa, se muestra poco ágil. Sin embargo, en modo Sport+ o con la suspensión en la posición más firme -a través del AMG Ride Control se puede optar por tres firmezas de suspensión con independencia del modo de conducción que utilicemos- la respuesta cambia bastante. Aunque no es un coche ágil, gira bastante plano y el paso por curva mejora sensiblemente.

La dirección es precisa y directa pero, a mi gusto, demasiado suave incluso en modo Sport aunque la respuesta es rápida. Quizá esa mejor sensación con el Roadster llega también por el trabajo del eje direccional trasero -que no montaba el coupé- y que en curvas lentas ayuda a que el coche gire mejor y con mayor rapidez. Algo que también colabora a retrasar el subviraje y a aumentar la sensación de agilidad y disminuir la de pesadez del morro. Comparado con algunos de sus rivales, el GT C Roadster es más exigente en conducción deportiva y necesita que la transición entre la frenada, girar y acelerar, se realice con cierta suavidad, aunque vayamos rápidos. Las brusquedades no le sientan bien. En modo Race -sin controles- es un coche realmente exigente y es aconsejable utilizarlo sólo en circuito. Y qué deciros del motor. Brutal, impresionante.

557 cv desde “ya”

El motor empieza empujar con fuerza a partir de 2.000 rpm y la efectividad del cambio acompaña al buen hacer del conjunto.
Empieza  empujar con fuerza a partir de 2.000 rpm, y nos “pega” a los bonitos asientos tipo baquet hasta llegar a las 6.500 rpm, momento en el que debemos cambiar de marcha. El proceso es rapidísimo y la efectividad del cambio acompaña al buen hacer del conjunto. Apretando el botón M, el cambio se vuelve totalmente manual –accionado únicamente a través de las levas del volante- y seremos nosotros los que tendremos que cambiar al llegar al régimen máximo. Como debe ser en una conducción deportiva. Nada que objetar de los frenos, con buen tacto y mordiente de sus discos ventilados de 390 mm, que aguantan bien el castigo en zonas viradas.

Debo confesar que cuando tuve que devolverlo me supo mal porque es un coche verdaderamente especial. Es muy potente, rápido, hasta cierto punto cómodo para viajar, muy estable y aplomado en vías rápidas y, sobre todo, muy bonito. ¿Tiene algún inconveniente? Veamos. Es difícil pasar desapercibido, se mueve mal por la ciudad, toca en cualquier desnivel y entrada a parking, la visibilidad es mala, la capacidad del maletero escasa y un detalle de nada… cuesta 190.750 €. Con opciones –entre otras- como el Paquete AMG Dynamic Plus -2.790 €- con ajustes específicos de dirección, reglajes más rígidos de suspensión y Software específico de gestión del motor, los frenos cerámicos AMG -10.473 € o el equipo de audio Sonido Burmester High-End 3D surround -5.681 €- superaremos fácilmente los 200.000 €.

Sí, algún inconveniente tiene…

Opinión del experto

Recibe todas las novedades

¡Suscripción recibida! Si es la primera vez que te suscribes, recibirás un e-mail para que valides tu correo electrónico y empieces a recibir nuestro boletín de noticias.

Se ha producido un error al darse de alta en el boletín

15 votos

Noticias de coches por marca

Recibe todas las novedades

Se ha producido un error al darse de alta en el boletín