Ford B-Max vs Citroën C3 Picasso

24 de mayo 2013

Comparativas
Néstor Abarca

Néstor Abarca

Asensi Carricondo

Tamaño reducido pero útil

Más pequeños, pero claramente inspirados en sus hermanos mayores C-Max y Berlingo (Fotos: Asensi Carricondo)
Vistos algunos comentarios relativos al modelo que causó la prueba del Ford B-Max, hemos decidido volver a probarlo, ahora en su variante diésel más potente: con el 1.6 TDCI de 95 CV. Pero no estará solo, ya que también hemos conseguido una unidad de pruebas de uno de los monovolúmenes urbanos con el que tendrá que rivalizar para hacerse un hueco en el segmento: el Citroën C3 Picasso que también lo probamos.

Ambos modelos gozan de un buen número de ventas en Europa, algo que no acaba de suceder en nuestro país. Los dos ofrecen una buena alternativa a los turismos, están claramente enfocados a familias medias con uno o dos hijos, tres es algo excesivo para lo que ofrecen, aunque en algunos aspectos importantes, como el volumen del maletero se quedan algo cortos.

Por el contrario gozan de buena habitabilidad, tanto en las plazas delanteras como en las traseras, con un nivel de equipamiento bastante alto y cada uno con aspectos claramente referenciales.

Diseños muy opuestos

La principal característica del Ford B-Max son sus puertas corredizas
Mientras que el B-Max se centra en ofrecer un aspecto típico de monovolumen, con ciertos toques deportivos, con una línea bastante parecida a sus hermanos mayores C-Max y S-Max, en el caso del C3 Picasso ocurre todo lo contrario. Su carrocería más recta, dividida claramente en dos secciones –frontal y habitáculo- puede parecer algo más rústica, pero también se parece a alguno de sus hermanos de gama como el Citroën Berlingo o el Nemo, por lo que vemos también una clara continuidad en sus diseños. Como novedad, al llevar ya un tiempo en el mercado, el Citroën ha modificado ligeramente la estética en el frontal para incorporar el nuevo logo de la marca y añadir detalles como la luz diurna tipo LED que también monta el Ford.

Sus medidas exteriores son prácticamente idénticas. El Citroën es ligeramente más grande en cada una de ellas, con milímetros casi testimoniales, tanto en longitud, anchura como en altura, pero en el conjunto sí parece un coche mayor, algo que, como veremos más adelante, se traduce en un espacio habitable algo mayor.

La silueta del Citroën, al estilo furgoneta, le aporta más espacio interior
Los dos modelos que nos han cedido sus respectivas marcas estaban configurados prácticamente con el acabado tope de gama: Exclusive para el C3 Picasso y Titanium para el B-Max (existe el Titanium+) y equipados con algún que otro extra como el pack Exclusive del Citroën, que añade llantas de 17 pulgadas, techo panorámico y pintura metalizada, o las llantas de aleación de 5 radios en forma de “Y”, también de 17 pulgadas, del Ford.

Los dos modelos son cinco puertas, pero el B-Max juega con un as bajo el brazo. Las dos puertas traseras son correderas, permitiendo una entrada y salida de las plazas posteriores más cómoda y aportando facilidades como la acción de atar a los niños colocados en sus sillitas.

Interiores acogedores

Ford configura todos los elementos del salpicadero de forma clásica
Cada uno a su manera. En la parte de salpicadero ambos han optado por dos configuraciones bastante diferentes. En el caso del francés se ha optado por concentrar prácticamente todos los indicadores y funciones en la parte central del salpicadero: en la parte superior encontramos hasta tres displays, donde encontramos toda la información relacionada con el vehículo –velocímetro y cuentarrevoluciones digital, ordenador de a bordo e indicadores en la parte derecha-. Además,  por si fuera poco, se ha instalado otra pantalla más justo debajo, con varias funciones como el navegador o el audio. Más abajo se sitúan los controles del climatizador i el equipo de música. Todo el salpicadero presenta un acabado blando al tacto, con cuatro salidas de aire incrustadas de diseño curioso y con un nivel de acabado bastante aceptable.

En el B-Max la cosa está más repartida. Digamos que la distribución de la parte delantera está un poco más esquematizada, siguiendo los patrones más habituales que encontramos en la gran mayoría de vehículos hoy en día. Tras el volante el cuadro de mandos, con sus dos esferas correspondientes al velocímetros y al cuentarrevoluciones con un pequeño display en el centro. En el medio del salpicadero se sitúa la consola central, con la diminuta pantalla característica de Ford, el equipo de infoentretenimiento Sony y el climatizador. Como en el Citroën, el B-Max también ofrece un tacto blando y agradable en la mitad superior del salpicadero, y presenta un nivel de acabado quizás un poco por encima del francés.

El C3 Picasso apuesta por situar todas las funciones en el centro
Puestos a encontrar diferencias notables cabe destacar también la gran diferencia que existe entre uno y otro en cuanto a postura de conducción se refiere. En los dos es fácil sentarse, regular la distancia, la altura y reclinar más o menos el respaldo para sentirnos cómodos, pero la forma de sentarse en uno y otro es totalmente diferente. En el caso del Ford adoptamos una posición más normal, como en la mayoría de turismos: una posición más bien baja y ligeramente tumbados. En cambio en el C3 Picasso se ha optado por una configuración bastante más alta y erguida. Los pedales cercanos y un excesivo grado de inclinación del volante nos obligan a sentarnos como en una silla.

Hay que destacar la excelente visibilidad que presenta el Citroën, incorporando dos ventanillas laterales justo a continuación del parabrisas que nos ensanchan agradablemente el campo de visión a la carretera. La mayor superficie acristalada del portón trasero también juega a favor del francés. El Ford tiene un problema notable: la ausencia del pilar B se ha tenido que compensar con refuerzos en las puertas que se nos antoja incómodo a la hora de tener que mirar hacia atrás en tres cuartos –por ejemplo en incorporaciones a la autopista-, donde resta un buen trozo de visión.

Otra muestra del buen equipamiento de serie con el que cuenta el C3 Picasso lo encontramos tras los asientos delanteros, donde se han instalado dos mesitas con luz de lectura de tipo LED.

Para 5 adultos… con poco equipaje

Las puertas corredizas facilitan la manipulación en las plazas traseras
Ambos modelos aceptan hasta a tres pasajeros en las plazas traseras, suficientemente amplias para albergar tres adultos de complexión media. Esto se consigue sacrificando la sujeción lateral de los respaldos para ofrecer una superficie prácticamente plana en los tres asientos –sí, la plaza central es bastante aprovechable-, adoptando una posición semejante a la de sentarse en un banco. El B-Max, por causa del mecanismo de apertura de las puertas corredizas, es un poco más estrecho, pero las formas de éste no impiden que los dos ocupantes de los extremos se sientan a gusto.

En cuanto a altura para la cabeza y las piernas, ambos ofrecen un espacio correcto, algo más para el Citroën debido también a su mayor anchura y altura de la carrocería y a un respaldo reclinable en dos posiciones.

El maletero no es uno de los puntos a destacar en ninguno de los dos casos. Ford propone un doble fondo para ampliar sus posibilidades, con un suelo rígido que puede configurarse en dos posiciones para guardar objetos debajo, mientras que el Citroën se beneficia de unas formas más rectas, una mayor altura hasta el techo para cargar objetos y de una banqueta trasera desplazable hacia adelante que aumenta sustancialmente el espacio útil. También dispone de doble fondo.

Tomando medidas

El maletero del Citroën es más aprovechable que el del Ford
Una comparativa de este tipo, donde el espacio de carga del maletero, el confort de los ocupantes y la habitabilidad en general cobran un sentido muy relevante, teniendo en cuenta las dimensiones compactas de los modelos, hemos decidido sacar la cinta métrica y tomar nuestras propias medidas para despejar las posibles dudas que hayan podido surgir.

Ya que estábamos hablando de los asientos posteriores, veamos cuáles son los tamaños reales que nos han salido: En el Ford B-Max el ancho de los asientos es de 118 cm, con una altura del respaldo de 60 cm y una longitud de la banqueta de 49 cm. En el caso del Citroën C3 Picasso la anchura se ve aumentada hasta los 124 cm, con una altura del respaldo y una longitud de la banqueta exactamente iguales a las del Ford. La altura disponible de la banqueta al techo es muy pareja, aunque el francés aporta dos centímetros extra, lo que se traduce en un mayor espacio de la cabeza al techo y una sensación de espacio superior.

En cuanto a medidas de maletero y espacio aprovechable, el B-Max vuelve a quedarse un poco atrás respecto al Citroën. En el C3 Picasso encontramos un ancho de 105 cm con dos pequeños huecos laterales, una profundidad de 75 cm y una altura hasta el techo de 95 cm, medidas que ofrecen un volumen de carga de unos 385 litros. Los 318 litros que ofrece el B-Max se consiguen con una anchura de 100 cm –más dos huecos laterales-, una profundidad de 62 cm y una altura al techo de 85 cm. A su favor cuenta con una boca de carga más baja que facilita su acceso.

Poca potencia

El motor se les queda un poco corto cuando los cargamos
Como ya os he comentado, los dos modelos montan el mismo propulsor, un 1.6 HDi de 92 CV en el caso del Citroën y del 1.6 TDCi de 95 CV para el B-Max –aunque cambie la nomenclatura, es el mismo-. Hablamos de un motor bastante perezoso, con una entrega de potencia lineal y que no nos acaba de gustar demasiado.

No tiene apenas bajos, por lo que si buscamos un poco de brío es necesario subirlo bastante de vueltas, con el pertinente aumento del gasto de combustible que ello conlleva. Está asociado a una caja de cambios manual de 5 velocidades en ambos modelos, con lo que consiguen una aceleración de 0 a 100 km/h en 13,3 segundos para el Citroën y 13,9 en el caso del Ford.

Ambos homologan un consumo medio cercano a los 4 litros cada cien kilómetros, con unas emisiones de CO2 de apenas 109 y 104 g/km. En la realidad, la cifra de gasto de carburante se ve ligeramente aumentada por la falta de potencia en según que casos, aumentandola hasta prácticamente entre los 5 y 5,5 litros a los 100 km.

Existe un motor HDI de 115 CV que mejora bastante las prestaciones del C3 Picasso
Tuve el placer de conducir la variante del C3 Picasso con el motor HDi de 115 CV y debo reconocer que va mucho mejor que este, tanto con el coche cargado como circulando solos. Aporta la potencia necesaria en cualquier tipo de vías y su consumo continúa siendo bastante contenido. Además incorpora una caja de cambios de 6 velocidades perfecta para circular por autopista con un menor régimen de revoluciones del motor. En mi opinión debería escogerse este antes que el de 92 CV. Sin pensarlo.

Desgraciadamente el Ford B-Max no cuenta con un motor de mayores prestaciones en diésel, por lo que habría que entrar a valorar alguna posibilidad en gasolina o simplemente conformarse con lo que ofrece.

En carretera el Ford es superior

Ya hemos visto que en espacio interior el C3 Picasso se lleva el pulso contra el B-Max, aunque la solución de la puerta corredera aporta mayores facilidades que una convencional no acaba de decantar la balanza hacia el modelo de la marca americana. Todo lo contrario ocurre cuando comprobamos sus capacidades en el asfalto.

El Ford B-Max ofrece un excelente confort de marcha
La agradable sensación de rodadura que se consigue con el B-Max le aúpan un peldaño por encima del francés gracias a una mejor puesta a punto del chasis y a un tarado de las suspensiones más firme, enfocado igualmente al confort de marcha pero minimizando el balanceo de la carrocería en las curvas mucho más que el Citroën. Lo diré sin tapujos, el C3 Picasso balancea demasiado.

La dirección también es mucho más precisa, con un tacto tanto en dureza como en vibraciones mucho mejor conseguido que en el caso del francés, que nos pareció blanda y carente de información de la calzada. Por último, también debo “regañar” al Citroën por montar una palanca de cambios algo tosca, con un tacto demasiado forzado.

Conclusiones

El excesivo balanceo de la carrocería puede resultar incómodo
Apostar por uno o por otro no será tarea fácil. Ambos destacan en dos apartados muy diferentes. Por un lado tenemos el Citroën C3 Picasso, un coche diseñado para aprovechar todo lo posible sus medidas contenidas. Aporta mayor espacio interior para los ocupantes, buenos equipamientos de serie, un maletero de mayores proporciones y la posibilidad de desplazar hacia adelante la banqueta trasera y plegar por completo el asiento del copiloto.

Por su parte el B-Max nos ofrece un mejor comportamiento, sea cual sea el tipo de vía y el estado de la misma. También incluye las puertas traseras correderas que nos facilitarán la vida si tenemos criaturas ocupando las plazas traseras y un nivel de acabado un poco por encima de su rival.

Los motores se quedarán algo cortos a la que los llenemos de pasajeros. En el caso del Citroën se puede elegir la variante diésel de 115 CV como alternativa, mientras que en el Ford nos encontramos ante el tope de gama en diésel, sin opción a mayor potencia.

Podría parecer un empate técnico, cada uno mejor en lo suyo y poco más que decir. Sin embargo, después de andar con ellos durante esta semana, la sensación que se me queda en la cabeza es que, cogiendo lo bueno y lo malo de cada uno, el Ford B-Max sale ganando por poco.

Para conocer más a fondo cada modelo, os dejamos un enlace a sus respectivas pruebas: Prueba Ford B-Max y prueba Citroën C3 Picasso

Uno es más espacioso, el otro más cómodo. Empieza la guerra...

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