Mini John Cooper Works Countryman: ¿El crossover "definitivo"?

12 de abril 2017

Presentación
Juan Carlos Grande

Juan Carlos Grande

Mini

Su estética es particular, aunque gana mucho cuando "lo conocemos en persona".
Mini tiene sus fans y tiene sus detractores, pero lo que no podemos negarle a la firma de origen británico es su habilidad para atraer a toda clase de públicos. Seas hombre o mujer, de edad joven o madura, ya seas una persona o ganas de llamar la atención, podría decirse que encontrarás un Mini a tu medida. Más todavía con la última hornada de modelos, que han añadido el “factor familia” que antaño nos alejaba de Mini a medida que aumentaba la prole.

Así, con la llegada de los nuevos Clubman y Countryman, ya no quedan excusas (dinerito aparte) para negarnos el placer de conducir un Mini aunque tengamos un par de críos; como tampoco hay por qué renunciar a las versiones deportivas John Cooper Works, que ya no quedan limitadas a los modelos más pequeños. Muy al contrario, la marca se muestra decidida a extender la opción JCW a toda su gama; y tal como hiciese con el Clubman, también ha creado un John Cooper Works Countryman para quienes anden buscando el "crossover definitivo". Definitivo, como mínimo, en el sentido de combinar etiquetas: SUV, compacto, premium y deportivo. Esta última, a propósito, es la que todavía le falta a su máximo rival, el Audi Q2; ese que tanto desea escapar de las etiquetas y que, al menos de momento, no ofrece ninguna versión de altas prestaciones.

Como buen Mini, deportivo y ¿grande?

La nueva generación es mucho más grande que la anterior y, sin embargo, continúa siendo perfectamente reconocible.
Dado que Joan Dalmau ya nos describió con detalle todas las cualidades del nuevo Mini Countryman, en este artículo me centraré en explicaros las principales características que distinguen a la variante John Cooper Works, y transmitiros las sensaciones de conducción que traje desde el evento de presentación a la prensa internacional celebrado en Mallorca.

De todas formas, recordemos que el nuevo Countryman comparte plataforma con la actual generación del Clubman -y de hecho, también con el BMW X1-, de manera que ahora se encuadra en el segmento C al haber crecido en todas las dimensiones: ahora mide 4,30 m de longitud por 1,82 de anchura y 1,56 de altura (por lo tanto, es 20 cm más largo y 3 cm más ancho que el modelo al que reemplaza). La distancia entre ejes también ha aumentado en 7,5 cm para alcanzar un total de 2,67 m. Y no menos importante es el incremento de capacidad del maletero, que gana 100 litros sobre el anterior y ofrece 450 litros en total.

El "pack" estético John Cooper Works lo distingue claramente del resto de la gama.
Pese a sus mayores dimensiones exteriores, es curioso cómo el Countryman ha preservado su apariencia estética; tanto que, si no nos fijamos, resulta fácil confundirlo con el que ronda nuestras carreteras a día de hoy. El frontal preserva su expresión facial con una parrilla en forma de trapecio, un paragolpes contundente con grandes tomas de aire, y un capó muy grueso y horizontal. El mayor cambio está en las ópticas, menos redondeadas y con una línea luminosa que rodea su contorno. La vista lateral resulta muy familiar, con su techo plano de efecto suspendido y con unas voluminosas barras de techo. Tal vez la parte que más cambia sea la zaga, aunque solo se deba a cómo las ópticas se integran con el portón. Lo que sí permanece, como en todo JCW, son las dos colas de escape a cada extremo del paragolpes. Otros detalles específicos de este modelo son el spoiler trasero y las llantas de aleación ligera de 18 pulgadas (o de 19” como opción).

El puesto de conducción tiene mucho en común con el del Clubman, aunque con detalles de diseño diferenciados.
El habitáculo del nuevo Countryman es similar al del Clubman, del que copia la organización del salpicadero aunque con un diseño algo mejor resuelto; especialmente por la manera en la que se funde con la consola central. Frente al anterior Countryman, el aumento de calidad se hace obvio a la vista y al tacto, gracias al empleo de mejores materiales y a un mayor cuidado de los detalles. La versión JCW se hace especialmente interesante por su ambientación deportiva, reforzada por los asientos semi-bacquet tapizados en cuero y Alcántara, que me han parecido mucho más cómodos que los del modelo anterior y, sin embargo, superiores también en cuanto a sujeción y agarre.

Ahora sí hay espacio de sobra para dos adultos, pero sigue sin caber bien un tercero.
Hago un breve apunte sobre las plazas traseras, notablemente beneficiadas por el aumento de batalla y anchura, y que ahora ofrecen espacio de sobra para la cabeza y más que suficiente para las piernas. La plaza central, en cambio, continúa sin ser útil al verse muy perjudicada por el túnel de transmisión. La fila posterior está dividida en dos secciones independientes (60:40) que pueden desplazarse longitudinalmente en 13 cm y (como opción) presentan distintas inclinaciones de respaldo; cualidades que permiten jugar con la capacidad de carga y la habitabilidad del vehículo.

Más divertido y, al mismo tiempo, más racional

El motor, uno de los puntos débiles del modelo precedente, ha ganado cilindrada, potencia y par.
Vayamos a lo que importa en este modelo, que es sin duda el apartado dinámico. Al igual que el resto de los Mini John Cooper Works actuales, el Countryman equipa un propulsor TwinPower Turbo de gasolina con 2.0 litros de cilindrada, situado en disposición transversal. Este motor entrega una potencia máxima de 231 CV entre 5.000 y 6.000 revoluciones por minuto, y -no menos importante- un par de 350 Nm desde sólo 1.450 rpm hasta las 4.500 rpm.

El sistema de tracción total All4 viene de serie, y podemos elegir entre dos tipos de transmisión: manual de 6 marchas o automática Steptronic Sport de 8 velocidades, como era el caso de las unidades de pruebas que la marca puso a nuestra disposición. La versión automática permite acelerar de 0 a 100 km/h en 6,5 segundos, con lo que supera en 7 décimas al Cooper S Countryman. El consumo combinado homologa 6,8 l/100 km (sumadle dos o tres litros más en el “mundo real”) con unas emisiones de 158 g CO2/km. También es de serie el tren de rodaje deportivo y el equipo de Brembo, con pinzas de 4 pistones en las ruedas delanteras.

Las especificaciones de su chasis y carrocería le impiden ser tan eficaz como el "hatch". Pero sigue siendo divertido y se beneficia de la tracción total All4.
Si tuviese que resumir en dos palabras el comportamiento del JCW Countryman, lo definiría como "sorprendentemente versátil", porque lo mismo sorprende por su capacidad para divertirnos en tramos de montaña -y en Mallorca hay más de los que aguanta mi estómago- como para servir de coche de diario. A mi modo de ver, la clave está en las suspensiones: A diferencia de los Mini más pequeños, el Countryman no es ninguna tabla, y de hecho su tarado no llega a ser duro en ningún momento. La fase de compresión es firme, sí, pero la extensión está bien regulada de manera que la sensación general es de equilibrio.

De todas formas, cuando conducimos a buen ritmo, el JCW se muestra efectivo gracias a la rapidez de su dirección, al trabajo del chasis y la electrónica para combatir el subviraje y el balanceo de la carrocería (el centro de gravedad no es precisamente bajo), y a la presencia de un sistema de tracción total que se activa cuando salimos de las curvas acelerando con decisión y, en general, siempre que las condiciones de la pista sean desfavorables.

Como en todo Mini que se precie, la dirección es rápida y sus reacciones son vivas.
También colabora -y mucho- el motor tetracilíndrico turboalimentado 2.0 de 231 CV que reemplaza al anterior 1.6 de 218 CV. Aquí no importa solamente el hecho de haber ganado 13 CV, sino la manera en la que este propulsor entrega su potencia. El incremento de cilindrada se traduce en un mayor empuje a regímenes bajos y medios, con una elasticidad de la que no podía hacer gala su predecesor y de la que sacaremos mucho partido con la caja automática Steptronic Sport de 8 velocidades, firmada por ZF y que es, al menos para mí, una de las mejores del mercado.

Ahora sí que contamos un motor digno de un JCW, aunque en el Countryman pierda algo de chispa dado el mayor peso total frente al Mini hatch. Se nota que no es lo mismo tirar de un utilitario deportivo que de un crossover del segmento C; pero en cualquier caso, estamos ante un propulsor capaz de hacernos sonreír a medida que revoluciona su giro. Primero comienza a conquistarnos por su fuerza, después lo hace por su sonido y finalmente por los “petardeos” que nos regala al soltar el gas cuando circulamos en modo Sport.

El John Cooper Works Countryman puede ser tan "gamberro" o civilizado como nos apetezca. Y esa es seguramente su principal virtud.
Este Sport es junto a los Mid y Green uno de los tres programas de conducción provistos por la tecnología Mini Driving Modes que viene de serie. Cada uno de estos modos afecta a la dureza de la dirección, la sensibilidad del acelerador, la lógica del cambio, el tacto de los amortiguadores y, enlazando con lo que comentaba, el sonido del motor (sin trampa ni cartón: según nos asegura la marca, no existe amplificación digital). Este último es otro de los detalles que ayudan a convertir al JCW Countryman en un coche multiusos, que lo mismo puede ir por ahí llamando la atención con el sonido que emana de sus escapes que circular con un silencio de marcha destacable si activamos el modo Green o ajustamos el nivel de sonido del escape de manera independiente. Aquí también se nota el salto de calidad de los nuevos Clubman y Countryman, que destacan por la extraordinaria insonorización de sus respectivos habitáculos.

Irónicamente, eso es lo que más me ha gustado de este automóvil. Siempre me han atraído los coches “polifacéticos”, capaces de cumplir bien en casi cualquier escenario imaginable; y el John Cooper Works Countryman ha resultado ser uno de ellos para mi sorpresa. Evidentemente, no está al nivel del JCW hatch en cuanto a prestaciones (mayor peso, centro de gravedad más alto, peor aerodinámica) pero sí es un coche muy divertido de conducir que, además, presenta ventajas contra las que su hermano pequeño no puede competir (confort, habitabilidad, capacidad de carga e incluso silencio de marcha).

No es barato pero viene bien equipado

La dotación de serie es bastante generosa en esta versión; pero como siempre, podemos gastarnos mucho dinero en extras.
Lo que no es este Mini, ni casi ningún otro modelo de la marca, es un coche económico. El Mini John Cooper Woks Countryman tiene un precio base de 38.700 euros, que sube hasta 39.240 euros con el cambio automático. El equipamiento de serie es bastante interesante, eso sí: incluye tracción total All4, faros LED, barras de techo, suspensión deportiva, frenos Brembo, Mini Driving Modes, asientos deportivos, volante multifunción JCW, climatizador control de crucero, sensores de aparcamiento traseros, sistema de infoentretenimiento Mini Connected y llamada de emergencia. Pero como es (mala) costumbre en las marcas premium, los extras son muchos y costosos; podéis consultarlos en nuestra ficha técnica.

En este enlace encontraréis toda la información sobre el Mini Countryman disponible en Coches.net: informaciones, pruebas y videopruebas y la mayor oferta de unidades a la venta tanto de segunda mano como nuevos y de kilómetro cero.

Opinión del experto

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