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Con una estética y tamaño más adaptados a los gustos europeos, la marca nipona sitúa ahora su afamado Impreza en el terreno de los compactos. Aunque este cambio radical en su estilo mantiene toda la esencia de sus antepasados en su concepción mecánica: motor boxer, tracción total y reductora
Por primera vez el Impreza en su tercera generación da un giro radical en su estilo y abandona sus formas de sedán para entrar de lleno en el segmento de los compactos, no sin antes haber reducido su longitud en 6 centímetros de longitud hasta alcanzar los 4,4 metros de largo. Todo ello sin perder las señas de identidad que siempre han caracterizado los vehículos de la marca nipona: motor bóxer, tracción total, transmisión con reductora, diseño caracterizador y comportamiento dinámico. Ahora ha llegado el momento de batirse el cobre con los superventas Mégane, Focus, León, el codiciado Golf o el más exclusivo A3 Sportbasck por citar algunos ejemplos, aunque con la ventaja de su particular configuración, mecánica, transmisión y chasis – mencionado con anterioridad -, que lo posicionan como una alternativa, cuanto menos diferente a todo los que existe en el mercado.
Texto: Bienvenido Alcántara/Fotos: Víctor M. Gascón
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