De impactante estética, raudo y veloz, este singular deportivo es todo un espectáculo rodante. Con tan sólo 698 c.c. y 82 caballos de potencia, proporciona un mar de sensaciones al volante difíciles de predecir.
La atrevida estética de este coupé se diferencia de su hermano Roadster en la superficie acristalada de su zaga, que suple al anterior portón. Su aspecto atrae inmediatamente las miradas de todos. Su fascinante imagen targa, sus cortos voladizos, sus realzadas aletas... todos son motivos para sorprenderse y para no quedar indiferentes. Sus neumáticos de generosas dimensiones contrastan con la reducida altura del vehículo, que nos hace ir casi pegados al suelo.
Algunas de sus virtudes las encontramos en su planta motriz. La marca recurre a un motor tricilíndrico de gasolina montado en posición central, con dos válvulas por cilindro y con una capacidad de 698 centímetros cúbicos. Denominado Suprex, el propulsor turbo adquiere una potencia de 82 CV a 5.250 rpm y un par motor de 110 Nm a 3.000 rpm. Sobre el papel, las cifras pueden conducir a equívoco. Nada tienen que ver con su empuje y su contundencia. En marcha nos sorprende. Sin alcanzar ritmos endiablados, este roadster coupé tiene un comportamiento divertido, con una entrega de potencia bastante Lineal desde las 2.500 vueltas hasta las 5.750.
Un cambio con alternativas
La caja de cambios automática de seis velocidades dispone del denominado Softip, una opción que permite maniobrar el cambio secuencial moviendo la palanca situada en la consola central con ligeros desplazamientos hacia delante o hacia atrás, aunque también se puede manejar con las levas situadas tras el volante. Mientras, para el cambio cien por cien automático, contamos con la función Softouch.
Dicho cambio, gracias a sus cortos desarrollos, favorece una conducción netamente deportiva. Circulando en carreteras sinuosas y con el cambio en posición secuencial, nos permite agotar cada uno de los desarrollos al borde de la línea roja del tacómetro, exprimiendo lo más posible el turbo. Cuando éste entra en acción, la subida de decibelios resulta embaucadora. Y el placer va en aumento si jugamos con las levas situadas en el volante. En conducción urbana, y más si topamos con algún atasco, lógicamente el modo automático es el aconsejable.
Las recuperaciones no son todo lo satisfactorias que nos gustaría. A una mecánica como ésta, de reducido tamaño, le cuesta subir de vueltas en el modo automático, pese a contar con la función ?kick down?, que permite reducir automáticamente una o dos marchas con sólo pisar a fondo el acelerador. En modo secuencial esta repentina pereza se solventa de manera más eficaz.
Alicientes al volante
Dinámicamente, el Smart Roadster Coupé muestra su mejor faceta en los trazados revirados. Ayuda a ello un buen reparto entre pesos, un 44 por ciento para el tren delantero y un 56 por ciento para el trasero. Su larga batalla de 2.360 milímetros también obra a su favor, con un ancho de vías de 1.357 mm. en el eje delantero y 1.392 mm. en el trasero.
Tanto el centro de gravedad como la posición de conducción son muy bajos. La posición trasera del motor concentra el mayor peso del vehículo en esa zona y deja más suelto el direccional tren delantero, lo que provoca alguna que otra reacción subviradora cuando abrimos gas de forma rápida. Esta tendencia a ?irse de morro? se hace más evidente en las entradas de curva, aunque pueden corregirse bien gracias a los eficientes controles de tracción (ASR) y de estabilidad (ESP), que no restan aliciente en la conducción.
En cierto modo, se comporta de forma similar a un kart, por el reducido peso y por las propulsión trasera. Cuando realizamos cambios de apoyo frecuentes, la dirección aparece, directa y precisa, y el bastidor muestra aplomo y eficiencia, con unas duras suspensiones que transmiten al volante el firme que pisamos. De ese modo, enlazar una sucesión de curvas se convierte en una tarea gratificante. Los cambios de apoyo se producen con agilidad, como muy pocos pueden hacerlo.
Contenidos consumos
Para colmo, el vehículo puede presumir de tener un consumo único para un deportivo de su categoría. En ritmos Altos, el coche no sobrepasa los 7,5 litros de media y a velocidades moderadas se mantiene en ciclo mixto en unos 5,5 litros. Eso sí, en autovías y autopistas los ruidos aerodiná-micos y la dureza de las suspensiones restan confort al conjunto.
Y si el motor sorprende, no es para menos el equipo de frenos, con discos en el tren delantero y tambores en el trasero, que realizan su cometido de manera más que eficaz en conjunción con el ABS y el EBD.
A la vista de su estampa, es difícil pensar que el interior de este roadster coupé acoja cómodamente a dos pasajeros. Nada más lejos de la realidad. Aunque la accesibilidad no es su mejor virtud, una vez situados, el habitáculo nos resulta bastante confortable. En un principio cuesta adoptar una posición idónea al volante y nuestras piernas quedan en una posición prácticamente horizontal. La postura es ideal para una conducción deportiva, con unos confortables asientos que, en la unidad Probada, eran calefactables y tapizados en piel.
La información necesaria
Desde el puesto de conducción tenemos un buena visión del tablero de instrumentos. Al frente, vemos los relojes del cuentarrevoluciones y velocímetro, y en el centro de la consola central, como opción (135 euros), los indicadores de la presión de soplado del turbo y de la temperatura del agua.
En la parte inferior de la consola central encontramos un práctico ordenador de a bordo, que ofrece una completa información: kilómetros recorridos, consumo instantáneo y medio, temperatura exterior, autonomía del vehículo, velocidad media, régimen de vueltas del motor y tiempo de nuestro recorrido, entre otras funciones.
Más abajo, podemos accionar los interruptores de los elevalunas eléctricos, el accionador del portón trasero y el de la capota eléctrica, otro elemento opcional que supone un sobreprecio de 1.060 euros.
En referencia a la capota, hay que decir que el techo de lona se puede accionar mediante un ingenioso dispositivo que lo pliega a espaldas de los ocupantes, guardándolo en la bandeja del portón trasero. También podemos aumentar la superficie abierta si retiramos los dos montantes que ejercen de guías del techo, con lo que damos a este roadster un aspecto targa.
Las limitaciones del espacio
En el interior se echan de menos los huecos portaobjetos. Son escasos y los que existen, como la guantera, son de reducidas dimensiones. Sí disponemos de dos espacios habilitados para una contenida carga: uno situado bajo el capó delantero, de 59 litros de capacidad, en el que podemos guardar un pequeño maletín, y otro ubicado en el portón trasero acristalado, encima del motor, de una capacidad de 189 litros y que permite el almacenaje de una maleta de ?fin de semana? y algún pequeño objeto. De todas formas, si ocupamos toda su capacidad de carga, la visibilidad trasera disminuye en gran medida y sólo podremos utilizar los espejos retrovisores exteriores.
El equipamiento opcional lo completa el paquete confort (800 euros), que incluye el mencionado ordenador de a bordo, la dirección asistida controlada eléctricamen-te, el limitador de velocidad y el limpiaparabrisas automático. A este podemos añadir el pack deportivo (950 euros), que ofrece el volante deportivo con cambios, las llantas de aleación ?Spikeline?, montadas en neumáticos de 205/45 R16, el sistema de audio con radio CD (490 euros), un módulo de amplificación de sonido (125 euros) y un práctico porta CD?s con posavasos (45 euros). Dichos elementos opcionales encarecen el producto final en 4.780 euros.
Entre el equipamiento de serie no falta el aire acondicionado, el volante y la palanca en cuero, el indicador de temperatura exterior, el servofreno de emergencia, los airbags de conductor y acompañante, el cierre centralizado, los elevalunas eléctricos, la luneta trasera térmica, el preequipo de reconocimiento de asiento para niños, el compresor y hermetizante para neumáticos y los controles de tracción y estabilidad, como elementos más interesantes.
El Smart Roadster Coupé tiene un precio de salida de 20.275 euros y puede llegar a los 25.505 euros, como era el caso de la unidad objeto de la prueba. Con este presupuesto, el vehículo puede considerarse un auténtico capricho. A cambio obtendremos la exclusividad de un vehículo que no encuentra nada similar en el mercado español, por configuración y motor.
Texto: Bienvenido Alcantara
Fotos: Victor M. Gascón