Exclusivas imagenes "retro" junto a motores potenciados se combinan para multiplicar las sensaciones a bordo de estas dos leyendas de capricho, que hemos querido enfrentar para dar un regalo especial de Año Nuevo a nuestros lectores. Ambos descapotables son El Futuro creado a raiz de un pasado que muchos recuerdan con nostalgia. Y ambos elevan a la máxima potencia las sensaciones que transmiten el resto de sus versiones.
Sir John Cooper puso nombre a la versión más deportiva de su pequeño y coqueto vehículo, el Mini, y le añadió la insigne letra S en clara referencia al concepto Sport. Y por él empezamos, por un Mini que transmite a la perfección las cualidades con las que le quiso caracterizar su creador: dinamismo y carácter, mezcladas con su notable dosis de potencia, gracias a su potente motor atmosférico turboalimentado de 1.6 litros, capaz de desarrollar 170 caballos.
La mencionada mecánica de 1.600 cc y 16 válvulas es la misma que montan sus hermanos pequeños de gama, aunque se la ha sobrealimentado gracias a la inclusión de un compresor (encargado de aumentar la presión del aire) y un intercooler. Éste último tiene la función de enfriar el aire emitido por el turbocompresor antes de que llegue a la cámara de combustión, para así lograr un mejor llenado de los cilindros.
De hecho, su contrincante en esta Comparativa, el New Beetle, se alimenta de la misma manera, aunque varía en la gestión de la inyección. En este caso es electrónica en lugar de secuencial, y está aplicada a un motor de 1,8 litros de 150 caballos de potencia.
Precisamente, el mayor aliciente del “Escarabajo” Cabrio reside en la mencionada mecánica, que entrega su centenar y medio de caballos de manera muy progresiva y Lineal desde la entrada del turbo, situada a 2.500 rpm, hasta rozar las 6.000 rpm, ofreciendo una notable respuesta a cualquier régimen.
Con la misma elasticidad se comporta nuestro más enfervorecido Mini, aunque con una mayor explosividad. En este sentido, cuenta con una aceleración más instantánea y enérgica. Todo ello es debido a la nada despreciable cifra de par motor 220 Nm (22,5 mkg) desarrollados a 4.000 rpm, que resulta idéntica a la de su rival, aunque el New Beetle la desarrolla antes (entre las 2.000 y las 4.200 rpm). Todo explica, por tanto, que en ambos Cabrios podamos contar con potencia prácticamente en casi todo el tacómetro.
El Mini, más contundente...
El Mini marca los tiempos y los ritmos en el ámbito de las prestaciones. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,2 segundos y alcanza una velocidad máxima de 222 km/h, frente a los 8,6 segundos y 202 km/h de velocidad punta que marca el New Beetle, algo que sorprende gratamente en este Volkswagen, a pesar de la imagen tranquila que transmite.
Si contundente se muestra el Cooper en aceleración y velocidad punta, no es para menos en recuperaciones. El paso de 80 a 120 km/h en 4ª lo hace en 2,2 segundos y en 2,4 segundos en 5ª.
Todos los registros juegan a favor del Mini, ya que, aparte pesar menos, se encuentra menos perjudicado que su rival en el coeficiente aerodinámico (Cx de 0,38 del New Beetle frente a los 0,37 del Mini). Respecto a la transmisión, ambos descapotables recurren a cajas de cambio manuales, de seis relaciones en el caso del Mini y de cinco en el New Beetle. Tanto en uno como en otro. los cambios de marcha se realizan con una notable suavidad, Rapidez y precisión, con unos desarrollos que ayudan a mover con soltura el conjunto a la hora de engranar cada una de las velocidades.
Como es lógico, estos cortos desarrollos, junto al elevado coeficiente aerodinámico de ambos, revelan un aumento en la cifra de consumo medio. En el Cooper ésta se sitúa en 8,7 litros por cada 100 kilómetros, mientras que en el New Beetle es de 8,8 litros. En más Altos ritmos de marcha ambos se sitúan por encima de los 10 litros (10,4 en el caso del Mini y 10,3 en el Volkswagen).
...y el New Beetle, más confortable
Las excelencias de ambos salen a relucir en el plano dinámico, en especial en el Mini Cooper, cuyo comportamiento recuerda al de un kart, ya que su centro de gravedad es mucho más bajo que el de su oponente y su distancia entre ejes se aproxima a los 2,5 metros. Además, el coche cuenta con una dirección muy directa y una suspensión de lo más eficaz.
Al circular por carreteras de montaña, donde las curvas de distinto radio de giro se suceden a lo largo de todo el recorrido, el Cooper S responde con mayor Rapidez a la hora de inscribirlo en las mismas, con unas suspensiones de tarado muy duro que impiden un balanceo excesivo de la carrocería cuando efectuamos el giro, logrando una estabilidad y aplomo de primer orden.
Además de los correspondientes controles de tracción y estabilidad, también contribuye a ello un calzado sugerente y eficaz que hacen que no pierda la compostura (205/45 ZR 17). Eso sí, la suspensión pasa factura a los pasajeros, sobre todo ante las sacudidas de la misma cuando se presentan baches.
El Mini Exige en la medida que a este le exigimos, ya que la viveza que nos transmite la dirección –con tan sólo 2,5 vueltas al volante- lejos de corta, hace que podamos girar más de lo necesario a la hora de trazar cualquier curva. Ello provoca que el coche tienda al subviraje, sobre todo cuando frenamos con intensidad en un cambio fuerte de apoyo.
De todas formas, para estar tranquilos diremos que la estabilidad que muestra el vehículo y la Rapidez del sistema ayudan a mantener controlada la situación.
Eficaz y comprometido
Lejos de transmitir la sequedad en la suspensión que ya mencionamos en el Mini, su rival se muestra igual de eficaz, con una amortiguación de buen compromiso entre estabilidad y confort.
La eficacia del control de estabilidad hace que podamos realizar el paso por curva con mucha mayor Rapidez y agilidad de la que en un principio pensamos, además de contribuir a corregir las pérdidas de adherencia con suma facilidad.
Si desconectamos el control, ganamos en deportividad. El coche se vuelve más nervioso, con cierta tendencia a sobrevirar en el paso por curvas de reducido radio de giro, sobre todo cuando tendemos a ahuecar el acelerador en medio de un cambio de apoyo.
En cualquier caso, la estabilidad es soberbia. Contribuye a ello, además del magnífico compromiso de la suspensión, su considerable calzado (225/45 Zr17).
A diferencia del Mini, el comportamiento del New Beetle no es el de un verdadero deportivo, aunque permite disfrutar de una conducción muy estimulante a un ritmo realmente rápido.
Ambos están dotados de discos de freno en ambos ejes, ABS y EBD, y el comportamiento de los mismos es consistente ante las frenadas fuertes. El Mini muestra una mejor respuesta a la frenada, ya que tiene que soportar un menor peso y cuenta con una mayor dimensión en los discos del tren trasero.
Por el confort acústico
En marcha y descapotados, el New Beetle sale ganando, ya que muestra un confort acústico de primer orden con una ausencia total de ruido y vibraciones hasta cruzar los 120 km/h, algo que se agradece en un coche de sus características.
El Mini Es igual de apetecible que su rival para circular a cielo abierto y, asimismo, resiste muy bien las turbulencias, aunque en este caso éstas se Noten antes, pasados los 100 kilómetros por hora, por lo que podemos decir que ha cuidado un poco menos el confort de a bordo.
También sale perdiendo éste en la insonorización. Con el techo cerrado transmite en demasía el ruido proveniente del exterior. Sí podemos afirmar que el New Beetle trata con mayor esmero a sus ocupantes, por muchas razones, también por el espacio que les dedica.
Dos sistemas distintos para una operación sencilla
Para descapotar uno y otro modelo se recurre a distintos sistemas, destacando el del Mini por su sencillez, practicidad e innovador diseño.
Basta con accionar un botón situado en la parte inferior del arco protector del parabrisas para que el techo de lona se repliegue –en tan sólo 15 segundos- ocupando poco espacio en el maletero.
En el caso del “Escarabajo”, el accionamiento del sistema es retráctil, a pesar de contar con una mayor Rapidez en su repliegue. El conductor requerirá de una cierta “adaptación al sistema”, ya que hay que adaptarse al peculiar funcionamiento de la argolla situada en el techo para soltar el mismo. Una vez suelto el techo, accionamos un botón delante del apoyabrazos central y el techo se repliega en tan sólo 13 segundos.
Cuando el espacio no es prioridad
Tanto uno como otro descapotable no dejan al azar un interior plagado de Calidad por los cuatro costados.
El espacio interior permite viajar con plena comodidad a dos personas en las plazas delanteras. Sin embargo, los ocupantes de las traseras se ven más afectados en el Mini por su escasez de espacio, de tal forma que es difícil acomodarse con una cierta amplitud. El espacio se antoja también muy justo en el caso del New Beetle, y más aún si colocamos el deflector, que en este caso anula dichas plazas.
Los maleteros de uno y otro apenas dejan espacio para un equipaje de fin de semana. En el caso del New Beetle, se queda muy justo con 210 litros de capacidad. El Mini, con 150, queda reducido a la más mínima expresión, aunque cuenta con la practicidad de poderse ampliar el mismo si abatimos las plazas traseras a 670 litros.
Analizados uno y otro, y vistos pros y contras, queda claro que ambos ofrecen una imagen exclusiva y diferenciadora que recuerda a sus ancestros, pero además proporcionan buenas prestaciones. La balanza se decantará de uno u otro lado en función de en qué medida antepongamos deportividad o comodidad.
Para lo primero, el Mini se adecuará más a nuestras necesidades, para lo segundo el New Beetle debe ser el preferido.
Ambos son un capricho, teniendo en cuenta el precio, pero ¡qué delicia de capricho!
Texto: Bienvenido Alcántara