La fundación Oso Pardo gana por segunda vez la carrera solidaria
02/11/2011
El pasado 19 de octubre comenzó la segunda edición de la Land Rover Discovery Challenge, donde 12 famosos y 24 periodistas competimos durante dos intensos días por una de las seis ONGs que nos propuso Land Rover. Coches.net, el presentador Carlos Lozano y Carmen Duerto, periodista de Yo Dona, defendimos la Fundación Casa del Burro, junto con un segundo coche cuyo equipo estaba formado por Juan Hernández, de Luike, Ángel Carchenilla de Motor 16 y Beatriz Pino.
Nos habían invitado a la aventura y lo único que nos habían dicho es: “A las 9:05 os pasará a recoger un coche”. En el restaurante Samarkanda de Atocha, nos comunicaron quiénes formábamos los equipos (un famoso en cada coche, junto con dos periodistas) y la ONG por la que competíamos. El equipo ganador se haría con un Land Rover Defender 110SW que donaría a la ONG que defendía. Y a partir de ahí, empezamos a correr (una tónica que se repitió durante los dos días que duró la aventura); y en este caso, perdíamos el AVE, que por fin nos enteramos, se dirigía a Córdoba, nuestra primera etapa.
Las pruebas
Tuvimos un poquito de todo, pero todo con el cronómetro en la mano –creo que he adelgazado dos kilos con tanta actividad-. Lo primero fue una Gynkana en el centro de Córdoba. Teníamos una hora para conseguir hacer más de 20 retos, entre ellos, disfrazarnos de gitanas, entrar en la Mezquita, hacernos fotos con todo tipo de personas y en locales diferentes (pero primero había que encontrarlos, claro) y, lo de ir con famosos, tenía sus ventajas (a veces facilitaba las cosas) y sus desventajas (tooooooodo el mundo se quería hacer fotos con ellos). Cada equipo se estrujó la mente para poder completar las diferentes pruebas en el tiempo estipulado; como muestra un botón: uno de los equipos “contrató” a un butanero para que les indicara dónde estaban todos y cada uno de los enclaves donde había que hacerse una foto o contestar el enigma que se nos planteaba.
Terminada la primera prueba, un agüita para reponer el líquido perdido –a casi 30º en el sur- y por fin a bordo del Land Rover Discovery 4. Rumbo a… “seguid el navegador” y “aprovechad el pinc nic que os hemos dejado en el coche para comer, antes de la siguiente prueba”. Dos horas de coche más tarde llegamos a Zuheros, en la cordillera Subética. Nos esperaban 3 pruebas más: Primero, una vía ferrata, con unas vistas espectaculares sobre el pueblo, Segundo, la búsqueda de 14 balizas en la Cueva de los Muerciélagos, uno de los yacimientos Neolíticos más importantes de Andalucía y con un recorrido visitable de 450 metros, con más de 700 escalones y una profundidad de 63 metros visitables, con una temperatura media es de 9º C. En tercer lugar, un par de pruebas más de lo nuestro: intercambiar las dos ruedas traseras del Discovery y levantar las 4 ruedas de otro modelo igual de manera que pudiéramos sacar la cuerda que lo rodeaba, sin hacerlo, obviamente, por encima del coche. (Para esto último primero teníamos que encontrar el gato, que estaba escondido en las ramas medias y de un árbol, y la manivela del mismo, que estaba en un pedregal entre arbustos y maleza).
Entre unas cosas y otras, se nos hizo de noche y salimos rumbo a Granada, agotados. Tanto que ni Tamara ni Carmen Lomana bajaron a cenar. Tras una ducha rápida, cenamos entre risas y anécdotas y, unos más pronto que otros, nos fuimos a dormir.
La diana del segundo día tocó a las 7:00 am. Un desayuno rápido y una nueva ruta hacia un lugar desconocido. Tras una hora aproximadamente conduciendo el Land Rover Discovery 4 avistamos un puente con las señales de la marca anfitriona. Habíamos llegado al embalse de Iznájar. Allí aparcamos todos los coches en fila. Empezaba la primera prueba del día. Uno de los tres miembros del equipo tenía que rapelar el puente, el segundo miembro lo recogía con un kayak y juntos teníamos que remar hasta una de las orillas. Allí se bajaba el que había rapelado y se subía el tercer miembro del equipo para remar una distancia de 1.500 metros, hasta la orilla de enfrente. Llegamos empapados, pero no voy a negar que nos echamos unas risas. A Tamara se le enganchó el pelo en una de las cuerdas, pero no dejó de ser una anécdota más del viaje.
Más agua, para volver a hidratar y otra vez al coche para ir a comer, con un tramo de ruta 4x4 entre olivos, que nos acercó a un precioso cortijo andaluz, donde nos sentamos a comer.
Después de reponer fuerzas y cambiarnos la ropa mojada el navegador nos llevó al muelle de la Sal, en Sevilla, a orillas del Guadalquivir. Era la última prueba, una carrera de balsas que construimos con nuestras propias manos, con bidones, bridas y maderos. ¡Otra vez a remar! Y ¡otra vez a mojarse! Era la última prueba y creo que todos dimos las poquitas energías que nos quedaban y, de tal manera, que al llegar a la meta, más de uno, como el cocinero Paco Roncero, decidió tirarse al agua para refrescar los músculos y llegar a nado al embarcadero. Los demás, preferimos la variante más seca, y evitar nadar en las aguas del Guadalquivir.
Nos quedaban dos horas antes de saber quién había sido el ganador y que fundación se llevaba el Land Rover Defender 110SW. Y fue, por segundo año consecutivo la Fundación Oso Pardo, representada por los equipos de Iván Sánchez y Sebastián Palomo Danko, los que se hicieron con el Defender. En segunda posición quedamos los equipos de Carlos Lozano y Beatriz Pino, (a tan solo 40 puntos) que defendíamos a la Fundación Casa del Burro, y en tercera posición, los equipos de Maria José Suárez y Óscar Pereiro, por la Fundación Lince Ibérico.
Divertido, emocionante, agotador, solidario y un diez para la organización, ya que salió todo perfecto (aunque un poquito menos de caña tampoco nos habría ido mal). Respecto a los famosos, también me llevé una grata sorpresa. Lo cierto es que no tuve oportunidad de departir con todos, ya que estaba más enfocada a intentar ganar el Defender para mi ONG, Ayuda al burro, pero os comento. "Mi famoso", Carlos Lozano, con el que compartía coche, es un tipo divertido que estuvo de bromas los dos días y, aunque durante la segunda jornada estuvo un poco perjudicado, dio todo lo que le quedaba por que el equipo se situara en una buena posición. Ana Obregón es igual en la tele que al natural, es ciertamete poco aventurera (por lo menos en los términos de las pruebas que dictaba Land Rover), pero es verdad que al final se fue animando. Carmen Lomana se apuntó a prácticamente todo y, pese a que puede parecer que tiene un aire un poco serio, de vez en cuando suelta unos comentarios directos, hábiles e hilarantes que te hacen esbozar una sonrisa. Con Tamara no crucé una palabra pero, me pareció una chica muy dispuesta, dulce y educada. Paco Roncero e Iván Sánchez son personas encantadoras y muy normales (si se me permite esta expresión), son conocidos por su buen trabajo profesional y llevaron la aventura con mucha entrega e ilusión. Con los demás, como he dicho, apenas coincidí dado lo apretado de la agenda. A ver si el año que viene...
Texto: M. Nerín