Solvencia contrastada
29/12/2008 - Prueba
La versión turbodiésel de 2,2 litros de la elegante berlina británica ha visto reducida su potencia de los 155 CV anteriores a los actuales 145 por la inclusión de un filtro de partículas en las variantes con cambio automático. Esta caja, de seis relaciones, tres modos de conducción (normal, sport y manual) y con accionamiento secuencial, es precisamente una de las novedades que la marca incorporó a mediados de año en la actualización que realizó sobre el X-Type. Tras estas modificaciones, sus prestaciones se reducen ligerísimamente, pero tratándose de un coche orientado especialmente hacia el confort de sus ocupantes y no a los registros puros, la incidencia de las nuevas cifras sobre el comportamiento general de vehículo es prácticamente inapreciable.
Lo que si se aprecia son los 500 nuevos componentes que la firma del felino asegura haber introducido y variado en el restyling al que fue sometido el vehículo. Los cambios, básicamente afectan al exterior y no modifican el ya conocido y elevado confort de marcha del que hacía gala este modelo, en la línea del buen hacer demostrado históricamente por esta marca.
El concienzudo trabajo de insonorización llevado a cabo por los técnicos de Jaguar en el momento de su desarrollo sigue siendo un punto a su favor, más en marcha que en parado, sobre todo con el propulsor 2.2 recientemente modificado.
Su habitáculo es cómodo y agradable para viajar aunque el espacio de las plazas traseras no es precisamente lo mejor del X-Type. Sin embargo, los clientes de las berlinas medias que se decantan por un automóvil que evoque un nivel y un cierto estatus, como es el caso de Jaguar, están dispuestos a realizar algunas concesiones en favor de la imagen y la prestancia.
Texto y fotos: Narcís Reixach