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De un tiempo a esta parte el segmento de los SUV se ha incrementado a pasos agigantados con toda una avalancha de nuevas propuestas o puestas al día de otras, que fueron interesantes cuando salieron al mercado. Enfrentamos dos visiones extremas bajo un mismo denominador común: la constante evolución tecnológica en la búsqueda de una mayor versatilidad y mayor confort de a bordo.
Honda y Land Rover son dos pioneros en la ya vieja fórmula del SUV o del comúnmente denominado todocamino, que reivindican su condición multiusos de manera diferente, pero que coinciden en su planteamiento aventurero. Mientras que Honda ha hecho a la tercera generación del CR-V menos todocamino, aunque mantiene la tracción total y los trazos de SUV; Land Rover apuesta por una mayor capacidad “off road” de su rejuvenecido Freelander, cuyos rasgos recuerdan en su segunda generación a su hermano mayor, el Range Rover.
Comenzando por la estética como principal factor de compra por el que se decantan los usuarios de vehículos encuadrados en este segmento, está claro que ninguno de nuestros contrincantes decepciona. El CR-V apuesta por una silueta que combina rasgos de coupé con sutiles líneas de SUV. Para mejorar su atractivo se ha recurrido a una línea de techo descendente y a la supresión de la rueda de repuesto, que ahora cambia de posición bajo el piso del maletero y que ha permitido alargar la carrocería hacia atrás en beneficio de la aerodinámica, sin perder ninguna de sus cotas interiores –a pesar de haber recortado su longitud en 8 centímetros. Land Rover, por su parte también suprime del portón del Discovery 2 la rueda de repuesto, aunque sus rasgos se concentran en ofrecer un aspecto robusto y sólido, para lo que no ha dudado en acrecentar las cotas exteriores respecto a su predecesor – seis centímetros en longitud, diez en anchura y dos en altura -, con vistas a generar a escala una imagen con tanto gancho como la del Range Rover Sport. Leer +
 
Texto: Bienvenido Alcántara / Fotos: Álvaro Jiménez
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