Deportividad funcional
24/12/2009 - Prueba
El estilo deportivo que ha conformado siempre la personalidad de BMW ha cedido terreno a la practicidad en el nuevo Z4, cuya segunda generación se transforma conceptualmente para convertirse en un descapotable muy razonable que permite una utilización muy deportiva si se desea o bien un uso más “turístico” gracias a diversas concesiones a la comodidad que se estrenan para la ocasión.
En concreto, la unidad probada, con el motor 23i de acceso a la gama, un bloque de gasolina de seis cilindros en línea y 204 CV de potencia, demuestra que esa dualidad es posible e incluso recomendable frente a la alternativa más potente y cara del BMW Z4 35i, con motor de tres litros y 306 CV pero casi 12.000 euros por encima de los 40.000 que cuesta el modelo “básico”. Los 8.000 euros de más sobre el BMW Z4 30i, de 258 CV, también son prescindibles si lo que se quiere es disfrutar de un cabrio de corte deportivo sin aspiraciones dinámicas “de altos vuelos”. Todos sus rivales de categoría disponen de potentes variantes mecánicas pero pocos con su misma configuración, espacio y confort que ofrece su techo rígido practicable, y que sólo el Mercedes Benz SLK emula. Otros contrincantes como el Audi TT Roadster, el Porsche Boxster, el Alfa Romeo Spider, o el Nissan 370Z poseen la estética deportiva y el dinamismo mecánico para disfrutar al volante, aunque el día a día resulta más complejo que en el BMW Z4 23i S Drive de la prueba.
Texto y Fotos: Narcís Reixach