Rapidez, refinamiento y moderación en consumo son características comunes a estos dos vehículos. En ellos se conjugan a la perfección las cualidades típicas de conducción de las marcas a las que representan: un temperamento deportivo y la versatilidad propia de los todocamino de lujo. En prestaciones el Alfa muestra su superioridad, mientras que si hablamos de dinamismo, el X3 da muestras de su maestría.
Texto: Bienvenido Alcántara / Fotos: Víctor M. Gascón
Conceptualmente similares, sólo lo son en un principio, ya que ambos parten de distinta base en su creación. Para empezar, Alfa Romeo aprovecha la berlina familiar 156 Sportwagon, en la que deposita una serie de aditivos, como las protecciones de aluminio bajo la entrada de la toma de aire frontal –ahora más grande-, faldones laterales y parte inferior del paragolpes trasero. A ello se une una suspensión reforzada, una altura incrementada en 6,5 centímetros y la dotación de la tracción total. Todas son características de este SUV (Sport Utilty Vehicle), que le permiten ir más allá del asfalto e incluso moverse con soltura en superficies deslizantes.
Por el contrario, su oponente bávaro sólo comparte con la Serie 3 la denominación, ya que es un modelo totalmente independiente. En este sentido, su carrocería es nueve centímetros más grande que la versión más grande de la Serie 3, el Touring. Además, gracias a que su distancia entre ejes es mayor, cuenta con un mayor espacio interior y un aplomo en carretera que nada tiene que envidiar al de su rival.
Diferentes en rendimiento
En el apartado técnico ambos se encuentran dotados de mecánicas cubicadas en dos litros diesel con potencias similares, en este caso taradas en 150 caballos, que adquieren diferentes dimensiones a nivel prestacional.
Las entrañas de nuestros protagonistas presentan diferentes ubicaciones, transversal en el Crosswagon y longitudinal en el X3. Por lo demás, ambos coinciden en contar con cuatro cilindros en línea dotados de culata de aleación ligera con el que alojar 16 válvulas, que se activan mediante dos árboles de levas. De esta manera, el gasóleo es inyectado directamente en la cámara de combustión, a través de sistema de conducto común. Mientras, la admisión de aire es realizada por un turbo de geometría variable y refrigerada a través del intercooler.
Vistas sus diferentes ubicaciones, salen a relucir sus características y, aunque ambos son potentes y suaves, la mayor progresividad del Crosswagon pone la nota determinante, con una notable capacidad para subir de vueltas desde abajo, algo más superior que la de su rival.
En este caso las cajas de cambios a las que se encuentran asociadas ambos –manuales de seis velocidades- tienen mucho que decir, respecto a sus desarrollos. El modelo de Alfa Romeo cuenta con una cuarta, quinta y, sobre todo sexta marcha, más cortas que las de su oponente, lo que facilita una mejor capacidad de respuesta. En este sentido, basta observar las cifras de recuperación.
Por el contrario, el largo desarrollo del X3 en la última relación del cambio penaliza menos los consumos que en el Cross-wagon. De hecho, es menos bebedor, conformándose con una media de 8,7 litros/100 km frente a los 9,4 litros que marcaba el Crosswagon, según nuestras mediciones realizadas a ritmos legales.
Los sistemas de tracción
La gran virtud, tanto de uno como en otro modelo, son los correspondientes sistemas de tracción total y la manera de administrarlos. En el caso del Crosswagon, Alfa Romeo vuelve con
la singladura Q 4 a recuperar la tradición con la que identificaba a sus modelos dotados de tracción integral. Este sistema de tracción total permanente cuenta con tres diferenciales mediante un sistema mecánico en el que el diferencial central autoblocante Torsen C permite un reparto del par constante entre ambos ejes, aunque primando el tren trasero. De esa manera, si aceleramos en plena curva se muestra capaz de enviar el 80 por ciento del par a las ruedas traseras para evitar el subviraje y reducir éste hasta el 40 por ciento en el caso de que llegase el sobreviraje. Un efecto que eleva enormemente su diversión al volante.
Por su parte, el X3 recurre, bajo
la denominación X-Drive , a un elocuente sistema de tracción integral equipado con control electrónico de reparto del par variable. Para ello cuenta con un sistema “inteligente” de seis discos que sustituyen al diferencial central y que varían el reparto de la tracción y del par entre ambos ejes de forma continua, transmitiendo, en condiciones normales, el 62 por ciento a las ruedas traseras y 38 a las delanteras. Para lograrlo, una mordaza es la encargada de presionar a través de un motor eléctrico en mayor o menor medida a los discos, que a su vez modifican en función del deslizamiento el reparto del par.
La capacidad de reacción
La diferencia de este sistema con el de su oponente es su Rapidez de reacción (100 milésimas de segundo). Para lograr esto, se encuentra gestionado por los sensores del ABS y la centralita del control de estabilidad, ya que en función de la posición del acelerador, del giro del volante y de otras variables, puede anticiparse a
la situación. Si en la entrada de una curva comenzamos a subvirar, se transmite más par a las ruedas posteriores, aumentando la adherencia del tren delantero. Una situación que se produce a través de un cierto sobreviraje que nos tiende a cerrar
la trayectoria. Tan sólo cuando el deslizamiento del tren delantero continúa, éste sistema actúa sobre los frenos. Mientras, en el caso de ser el tren trasero el que deslice, el sistema bloquea el diferencial por completo, que se transmite a través de un fuerte subviraje para ayudar a atajar la situación.
Como complemento al de su rival, en el X3 el sistema dispone de control de descenso, cuya velocidad la podemos programar entre 6 y 26 km/h.
Sobre el terreno la actitud de ambos sistemas es impecable. En el Alfa, con cada tramo revirado vamos cogiendo confianza, superando las curvas de diferente radio de giro a un ritmo mayor, al mismo tiempo que podemos controlar con facilidad los deslizamientos del tren trasero sin necesidad de ahuecar el acelerador. Para ello, contamos con la inestimable ayuda de una dirección muy directa –aunque menos progresiva que la de su rival- y un control de estabilidad (VDC) que se encarga de recuperar la trazada en el caso de andar pasados con el acelerador o
la dirección. Bien gestionado, el sistema ofrece un Alto plus en seguridad.
Por otra parte, en el Crosswagon también deriva de la berlina familiar la suspensión independiente en ambos trenes mediante dobles triángulos delante y montantes McPherson reforzados detrás. Éstas ayudan a acompañar al tren trasero al redondeo de
la curva. A su vez, ésta es bastante cómoda en firme deslizante y contiene las oscilaciones sin grandes devaneos.
En el X3, el grado de satisfacción es aún mayor si cabe, pues a su magnífica tracción total se suma una suspensión soberbia y bien calibrada, una generosa batalla y una dirección instantánea y muy bien asistida. Todo ello hace que el X3 trace con tiralíneas cada una de las curvas que se le presenten, con un grado de aplomo digno de elogio, donde la suspensión ejerce un absoluto control en las oscilaciones de
la carrocería. Sin embargo, cuando el firme es irregular, sí se produce una pérdida de confort, ya que la suspensión deportiva que trae nuestra unidad de pruebas carece de tarados dirigidos a filtrar las irregularidades del pavimento.
Limitados fuera del asfalto
Sus capacidades todoterreno quedan centradas al disfrute en pistas de tierra, donde muestran las mismas habilidades que en asfalto. Sin embargo, cuando el terreno se complica, ambos se encuentran limitados por la escasa altura del suelo, grandes voladizos en el Cross-wagon y ausencia de buenos ángulos en el X3 y deportivos neumáticos más apropiados para el uso en carretera.
Tanto en uno como en otro, los frenos cumplen correctamente con su cometido, mostrándose insensibles al cansancio.
Para finalizar, podemos señalar que ambos vehículos ofrecen una versatilidad y grado de polivalencia igualables al de cualquier modelo de cualquier segmento. Quizás, en un principio, el producto más homogéneo de los dos sea el X3, ya que su grado de conducción es francamente Alto, haciendo gala de una agilidad extraordinaria. Además, las relaciones prestaciones consumo se encargan de redondear con nota un producto francamente bueno. Sin embargo, el precio le pasa factura y es su oponente quien se impone en este sentido. Además, como ya hemos dicho antes, en este caso el modelo italiano aloja en su interior un motor más prestacional.